A. SOLDADO VALENCIA
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El Zurdo de Bellreguard se llenó con el duelo entre Genovés II y Miguel. Cautiva el Individual, la competición oficial reina de este deporte. El vencedor tenía el premio de meterse en la final absoluta, protagonizar la jornada de los sueños. ¡Cómo pelearon por la victoria! ¡Duró casi dos horas! Asistimos el viernes a una hermosa partida que comenzó con una cerrada ovación viendo a los dos jugadores abrazados y dándose ánimos antes del primer quinze y viendo la escena final, ambos en el centro de la cancha, agradeciendo los aplausos encendidos de todos los presentes.
La semifinal del viernes fue una partida de gestos, de percepciones, de sentimientos. Los pelotaris sintieron el calor de los aficionados, sin distinción de colores. La afición aplaudió con ganas cada una de las buenas jugadas, que fueron muchas. Hubo quinzes de ensueño, y hubo igualdad de principio a fin.
De salida marcó el ritmo Miguel, especialmente inspirado en el resto, con una potencia de pegada que sorprendió a todos, sobre todo por su regularidad. Genovés II se vació y hubo de usar todos los recursos, especialmente el de su izquierda en el dau -ahí estuvo una de las claves de su victoria-, para salvar el compromiso, a última hora, tras la igualada a 35, a 40, a 45 y superar un 45-50 a favor de Miguel. Imagínense la temperatura del trinquet. El de Petrer se lo puso muy difícil a Genovés II. Jose no perdió el equilibrio, ni siquiera en aquel momento en que Miguel le remató el mejor quinze de la noche, el que provocó que la cancha se llenara de almohadillas de júbilo en su honor.
Seguramente fue un momento psicológico especialmente duro para el de Genovés: el trinquete parecía entregado a Miguel. Lo superó con fortaleza y se encaró a la victoria final, por 60 a 50, cargado de decisión y sacando con genio sus últimas fuerzas. Miren por dónde creo que esos juegos finales, esos momentos en los que José Cabanes se sobrepuso anímicamente a sentir que la afición parecía cautivada por el rival, puede ser el mejor alimento para el duelo definitivo frente al poderoso Álvaro. Jose aprendió el viernes a ganar en un escenario muy exigente. Aprendió que el corazón de los aficionados está expuesto, a la mínima, a dejarse enamorar. La vida misma.