P
aciencia. Ya falta menos. En cuestión de horas se desvelará el misterio de si David Villa desfila esta noche por el túnel de Mestalla. Durante dos semanas, horas de televisión -con lo caras que resultan- más aún de radio y hectómetros cuadrados de papel -con lo que escasea- se han dedicado a debatir, especular y retorcer argumentos en pro y en contra de la presencia del delantero del Valencia ante el Barça. El asunto, aunque lo parezca, no es baladí. Que el Guaje dota a su equipo de gran pegada es de sobra sabido. Lo desconocido es cuál sería la alternativa a su ausencia. La incógnita de por dónde saldrá Emery puede tener en vilo a Pep Guardiola y acabar mareando a la defensa azulgrana, si el VCF se decide a formar con un ataque móvil, rebosante de calidad y sin posiciones prefijadas. Pablo, Mata, Silva, Jordi Alba son difíciles de atar y de contener si llegan sueltos.
Si Unai opta por esta alternativa, habrá demostrado su personalidad. Sostenía el sabio Pasieguito que los buenos equipos reflejan el carácter de su entrenador. Este Barça es Guardiola. Esta Argentina, la pura estampa de Maradona: disoluta, capaz de pasar de lo sublime a lo abyecto, de malgastar a Messi, la estrella rutilante del fútbol mundial, pero de sacarle jugo a la "Brujita" Verón, un tipo ya de vuelta... Una contradicción constante.
En un duelo de estrategas, Pep, el pentacampeón, examina esta noche a Emery, quien el año pasado ya aprobó en Mestalla esa asignatura. Este curso ha de superar la reválida. De momento, está sabiendo jugar tácticamente con el culebrón de la lesión de Villa.