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HEMEROTECA » |
A todo padre o madre se le cae la baba con sus hijos. Es genética primaria. Basta cualquier payasada para entenderla como algo genial, fuera de lo común. Basta verles con un micrófono de Fisher-Price en mano para soñar con que serán estrellas de la canción. Basta con verles leyendo un libro o escribiendo en un cuaderno personal para deducir sin rubor que obtendrán el Nobel de literatura aunque sólo sean garabatos infantiles aquello que han plasmado en una hoja en blanco. El amor que profesa un padre o una madre es así, consanguíneo, irremediable, desmesurado y, en muchas ocasiones, manipulador de la realidad.
Durante muchas temporadas hemos profesado, yo el primero y no estoy exento de culpa, una pasión loca por el Villarreal. No es que haya sido pésimo el juego y no lo hayamos detectado. Tampoco lo hemos disfrazado de forma voluntaria. Sin duda, el equipo amarillo ha realizado un fútbol extraordinario en estos últimos años, como así lo reflejan los datos objetivos.
Pero no menos exacto es que en este tiempo nuestro submarino ha gozado de un factor añadido llamado suerte y un viento a favor que nos situó en cabeza del balompié europeo. Por eso, después de ver el partido contra el Xerezdel pasado domingo, y de probar la amarga posición del último clasificado, me da vueltas en la cabeza la idea de que quizá hayamos sobredimensionado a nuestro Villarreal.
No jugaron mal en el Nuevo Chapín. Es más, las mejores ocasiones fueron para los nuestros. Sin embargo, el gol decisivo no llegaba y los deseos del hijo por satisfacer el orgullo paterno o materno se convirtieron en su peor enemigo.
La seguridad en sí mismo se tornó miedo y nerviosismo, hasta el punto de perder los papeles, consciente el hijo de que salir derrotado de la cancha del colista suponía una deshonra para un conjunto que ha conseguido tanto en tan poco tiempo.
A todo hijo hay que apoyarle en los momentos difíciles, cuando las cosas no funcionan y las virtudes quedan perdidas temporalmente por el pánico a no poder superar los problemas. El Villarreal está atravesando un período así y por ello hay que tener paciencia con él. Relativa, pensarán acertadamente algunos de ustedes, porque en la memoria de todos figuran aquellas catorce jornadas sin triunfo y sus fatales consecuencias en aquel lejano debut en la Liga de las Estrellas.
Personalmente, considero que eran otros tiempos, muy distintos a los actuales. Creo que hay entrenador y plantilla suficientes. Ésto es diferente a aquello. Hay más madurez, experiencia y calidad. Aunque puede llegar a suceder, sería una auténtica pena que un buen técnico como Ernesto Valverde saliera por la puerta de atrás. Sólo la providencia sabe qué es lo que acontecerá, pero hoy por hoy sólo soy capaz de pensar que también el Villarreal es, para nosotros, como un hijo y que precisa ayuda para recuperar la personalidad que extravió.
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