YOLANDA PERIS VILA-REAL
La derrota cosechada en Jerez el pasado domingo ha provocado la debacle en Vila-real. El que era considerado como el mejor Villarreal CF de toda la historia todavía no ha encajado sus piezas y los resultados conseguidos -ninguna victoria en siete jornadas- han llevado a los jugadores amarillos a ocupar la plaza de colista de la Liga BBVA.
Nadie al inicio de la temporada habría imaginado un comienzo así porque el equipo estaba hecho para luchar por lo puestos europeos, pero lo cierto es que el proyecto 2009-10 empieza a estar muy cuestionado. Y todo debido al bajo rendimiento de algunos de los futbolistas que antaño fueron los líderes del equipo y a los errores tanto defensivos como ofensivos que se vienen cometiendo. Al equipo le falta confianza y le sobra nerviosismo, y trabajar sin tranquilidad ayuda a generar más errores en los partidos como viene sucediendo en los últimos compromisos.
Con la polémica actuación arbitral ante el Xerez al margen -hoy se conocerá la sanción a Pirès tras insultar gravemente al colegiado-, el equipo que dirige Ernesto Valverde está obligado a ganar el jueves a la Lazio en Roma (19 horas) y el domingo al Málaga en El Madrigal (17 horas) para comenzar a remontar el vuelo. Parece ser que Fernando Roig todavía no se le ha pasado por la cabeza destituir al técnico extremeño, en el que tenía depositadas tantas expectativas tras la marcha de Manuel Pellegrini al Real Madrid, pero quizás su forma de pensar cambie si no se consiguen sendos triunfos en los dos próximos compromisos. El crédito del txingurri Valverde empieza a agotarse aunque la culpa de la situación no es solamente de él. Se generan ocasiones de gol pero no se marcan goles -sólo cinco a favor- y cualquier error se convierte en un gol en contra -diez en total-, y así va a ser muy difícil salir de la zona caliente de la clasificación. La plantilla tiene calidad, pero el verdadero problema radica en que como equipo todavía no sabe a lo que juegan. Da la sensación de que el cambio de ciclo en el banquillo ha afectado más de lo previsto a los jugadores, y aún no han asimilado al cien por cien las exigencias del nuevo entrenador.
Sea como sea, lo que está claro es que el submarino debe empezar a reaccionar porque, aunque sólo se han disputado siete jornadas y queda mucha Liga por delante, la salvación se aleja por momentos.