ALBERTO SOLDADO VALENCIA
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Fieles a una tradición que se remonta a varios siglos, los aficionados a la modalidad de perxa se congregaron en una de las céntricas calles de Ontinyent. Se jugaba la final de su campeonato, que ha congregado a una veintena de poblaciones de las comarcas alicantinas. La perxa sigue viva, superando todas las modas. En las pequeñas poblaciones de El Comtat o de l'Alcoià, y La Marina, este juego de pelota ha conseguido sobrevivir gracias a unos pocos entusiastas de la causa que veneran la herencia recibida de nuestros antepasados. Y allí, en una empinada calle de Ontinyent cual rito religioso, se juntaron sus amantes para disputar el honor de la victoria. En esta ocasión recayó en la formación local, capaz de superar a la legendaria formación de Sella, patria que ha sido del fomento de esta especialidad. La perxa mantiene el juego a ratlles, tan dinámico, aunque tan complicado de entender para un profano. En eso han cambiado los tiempos. Hace cincuenta años todo amantes de la pelota conocía ese sistema. Hoy, son una minoría.
Curiosamente se jugó en la calle, porque los amantes de este deporte en Ontinyent han mantenido esta forma de jugar a pesar de disponer el municipio de un majestuoso trinquet construido en los años ochenta y que parece languidecer de pena. En este caso, llamada a la reflexión, ha podido la tradición a la modernidad. La pelota, tan rica y tan variada, permite todas las sensibilidades. Además de Ontinyent han sido campeones en sus respectivas categorías las poblaciones de Benillup y de Finestrat.