A Manuel Llorente no le gustó el equipo que sacó Unai Emery ante el Slavia de Praga. A mí, antes de empezar el partido, me encantaba. Después, visto lo visto, cambié de opinión y me pasé al bando presidencial. Ya sé que a eso se le llama jugar con ventaja, pero en esas están la mayoría de los críticos que, tras el choque, se han cebado con el entrenador porque introdujo siete cambios respecto a la formación que presentó ante el Barça. La excepción a este ventajismo barato fue Javier Subirats quien, en el «Més que gols», hizo los reproches en el momento oportuno: antes de que empezara a rodar el balón, cuando Rovira, con su peculiar donaire, cantó la alineación. El resto de los cabreados han actuado como aquel profeta de pueblo: a cojón visto, macho seguro. Cada uno de las permutas de Unai, tiene una justificación.
Así por ejemplo, resulta normal la alternancia en la portería entre competiciones. Lógico, por tanto, que jugara Moyá.
Alexis era, hasta que se lió la manta malagueña a la cabeza, titular indiscutible y, según sus fans, el futuro central de España. Por tanto, tampoco era ninguna temeridad ponerle de salida.
David Albelda no está para estos trotes de tres partidos en una semana. Tenía que entrar el único sustituto natural que queda disponible: Maduro.
¿Hay alguien dispuesto a discutir la autoridad de Rubén Baraja para poder dirigir al equipo contra un segundón europeo y, de pasada, ir cogiendo la forma?
Michel es la gran esperanza blanca, pese a que Unai no acabe de encontrarle la ubicación.
Y ¿qué decir de Nicola Zigic, el ojito derecho de la grada, el abrelatas perfecto ante un equipo inferior? Todos nos hemos cansado de reprocharle al entrenador que no lo utilice más como alternativa.
Para acabar, Jordi Alaba, internacional sub-20, la revelación del verano. ¿No era hora ya de darle minutos?
Demasiados cambios a la vez, argumentaba Subirats. Es posible. Pero frente a un rival inferior y en un torneo que aún no suscita pasiones, ¿hubieran actuado los titulares con la misma intensidad con la que jugaron ante el Barça? ¿No era más presumible que los futbolistas no habituales estuvieran más motivados para ganarse la titularidad? ¿Qué habrían pensado si, en un partido como éste, no se les da la oportunidad de reivindicarse? ¿Que no sirven para nada? En fin...