J. M. BORT VALENCIA
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Dos meses y dos días. Ese es el tiempo que le resta al Levante UD para vender su mayoría accionarial a algún grupo empresarial. Si nadie aparece con un oferta de garantías, el club centenario iría directamente a la temida fase de liquidación. Antes de la desaparición, se pondrían en subasta todos los activos: futbolistas, material, trofeos, butacas del estadio, etc.
El fin de año es la fecha fijada por la administración concursal para la venta de los títulos a un tercero, pero no hay ninguna oferta en firma. El problema que presenta el concurso de acreedores es la obligación que tiene el Levante UD de traspasar sus acciones en modo de autocartera a un tercero, porque es necesario que se ingresen fondos propios para atender los créditos. Sin nadie que pueda nombrar un consejo de administración, no hay posibilidad de convocar una junta para constituir la asamblea de acreedores, un paso obligatorio para evitar la liquidación. En semejante encrucijada y con el tiempo en contra, la administración concursal comienza a temer lo peor.
Según la administración concursal, no ha llegado ninguna oferta en firme por lo más de 80.000 títulos que dejó en "herencia" Pedro Villarroel. Para adquirir el Levante UD en propiedad es necesario un desembolso de 10 millones de euros: 5,5 más 4,5 destinados a los acreedores preferentes. Después, deberían establecer un calendario de pagos.
La fase de liquidación llevaría directamente al Levante UD a la desaparición. Con los trámites jurídicos de por medio, eso sí, el equipo tendría tiempo para terminar la actual temporada. Después, existiría la posibilidad de una refundación, la fórmula que en su día siguieron clubes como el Málaga, Burgos, Terrassa o Compostela. Unos nuevos responsables deberían asumir entonces la actividad futbolística de la nueva empresa con otro nombre. La categoría en la que militara dependería de algunos factores, pero perdería su plaza en Segunda A. La posibilidad de heredar la marca "Levante UD" es remota por el tiempo de espera.