Los triunfos coperos del Barça, el Atlético, el Sevilla, el Deportivo y el Valencia (por cierto, esta vez, al socaire de la victoria, los detractores de Emery no le han puesto a caer de burro por sus diez cambios en Alcoi; coherencia, se llama esa figura) todos ellos obtenidos a domicilio y frente a rivales de inferior categoría, resaltan aún más la catástrofe del Madrid en Alcorcón. A parte de los tópicos sobre la inexistencia de rivales débiles, lo cierto es que cualquier equipo mínimamente aleccionado, si goza de espacios y no es apretado, puede armar la marimorena. Es lo que hizo el Madrid, montado a lomos de su soberbia, de la que es estandarte el macarrita de Guti.
No más lejos del pasado domingo, Vicente Añó publicaba en este periódico un documentado artículo —como todos los suyos— bajo el profético título de «El dinero no triunfa». En él, dejaba al descubierto todos los males estructurales que aquejan al club del Bernabeu. Florentino Pérez no debió de leerlo, porque su reacción inmediata al waterloo ha sido poner a trabajar a su banda mediática para que comience a tocar la de siempre: la culpa es del entrenador. La virulencia con la que el entramado mediático que derrocó a Ramón Calderón para entronizar a FP, ha arremetido contra Manuel Pellegrini, es sintómatica de los planos que acaricia el Ser Superior.
Quienes han puesto su diana en la cabeza del técnico chileno, son los mismos que jalearon la forma obscena con la que, por segunda vez, y sin escarmentar por el fracaso de la primera, Florentino ha confeccionado la plantilla a base de chequera. Tampoco miran hacia Jorge Valdano, que fichó a Pellegrini de tercer plato, tras recibir calabazas de Mourinho y de Wenger.
Para saber como trabaja Pellegrini, bastaba con pasarse una mañana por la ciudad deportiva del Villarreal: balón en el centro y partidllo. Que actúa sin extremos fijos —que, además, le traspasaron contra su criterio— es de sobra conocido. Eso sí, su porte elegante y su perfil apolíneo, encajan con las exigencias de Valdano y Florentino. Todo lo contrario que Del Bosque, quien vestía un chandal que realzaba su barriga. Y, desde luego, muy alejado de la imagen arrabalera de Luís Aragonés, cuya contratación desataría las iras del capo del vestuario: Raúl. Los cinco técnicos que figuran en la lista de Valdano, encarnan cinco maneras diferentes de ver el fútbol, prueba evidente de que el Madrid carece de plan y de ideario. Sólo hay imágen.