V. C. T./AGENCIAS VALENCIA/LISBOA
Todo cuanto rodea al fútbol argentino parece estar escrito con la letra del tango de Gardel. Volver. Por ejemplo, Diego Armando Maradona continúa inmerso en una espiral de eterno retorno. Verón, Gallardo, Ortega y Palermo han vuelto sobre los pasos de un glorioso pasado para seguir sustentando el juego de la alicaída albiceleste. Y Pablo César Aimar y Javier Saviola han vuelto a reeditar, una década después, la sociedad atacante que deslumbrara a finales de los 90 en River Plate, con el colombiano Juan Pablo Ángel (ahora en la liga norteamericana) completando el tridente, y se consagraron como dos de las más firmes promesas del fútbol argentino.
El Cai y el Conejo tuvieron una trayectoria irregular en la liga española. Las lesiones, en el caso de Aimar, y la suplencia y las cesiones, en el caso de Saviola, les cortó una progresión que se antojaba segura. No en vano, hasta el propio Maradona bautizó a Aimar como su sucesor. El mediapunta argentino, tras maravillar en su debut con el Valencia ante el Manchester United, dio un rendimiento intermitente. Fue determinante en el final de curso 2001/02, cuando anotó goles trascendentales (ante el Deportivo, Barcelona o Tenerife) que, junto a los de Baraja, fueron decisivos para acabar alzando el quinto título liguero del club. Sin embargo, las lesiones menguaron lentamente su protagonismo en el equipo. La afición, pese a todo, no dejó de idolatrarle.
Marchó al Zaragoza donde un técnico de su confianza, Víctor Fernández, armó un equipo en torno a él. Las cosas no marcharon bien y el deficiente proyecto acabó con el conjunto maño en Segunda división. Quique Flores iniciaba una aventura en el Benfica y fue al rescate de Aimar. Se logró un título secundario (la Copa), pero en la Liga nunca inquietó al Oporto.
Quique se marchó al final de la temporada pero Aimar se quedó. Y además vino Saviola. Tal vez el secreto del mejor juego de ambos jugadores residía en que debían jugar juntos. Ahora manejan los hilos de un Benfica imparable, como aquel River Plate de finales de los 90. Y el delantero paraguayo Cardozo hace las veces de Juan Pablo Ángel. Treinta goles en ocho partidos es el arrollador saldo del Benfica, el nuevo líder del campeonato portugués cuyo estilo de juego evoca al de los equipos de "o rei" Eusebio, la estrella lusa que marcó un hito en los 60 y 70. La media de 3,75 tantos no se superaba en el estadio de La Luz desde hace 37 años, cuando los encarnados liderados por "la pantera" Eusebio facturaron 35 goles en las primeras ocho jornadas de Liga, en una época en la que el club lisboeta -campeón europeo en 1961 y 1962- era temido en todo el continente.
Velocidad, fluidez, consistencia táctica y calidad individual son atributos del nuevo Benfica que dirige el luso Jorge Jesús, quien ha tomado las riendas de una laureada entidad que en las últimas temporadas no había sido capaz de acabar entre los dos primeros clasificados. "Este Benfica respira salud. Los 6-1 son números que nos dan aliento y más confianza", aseveró Jesús, después de la goleada que su equipo endosó al Nacional de Madeira, resultado que le sitúa líder en Portugal con los mismos puntos que el Braga. Cardozo, quien arroja una media de 1,375 goles tras anotar once dianas en ocho partidos, y el extremo argentino Angel Di María, un auténtico puñal para las defensas contrarias, son otros dos de los "resucitados" por Jesús.
Aunque no sólo vive de su ataque el Benfica, ya que su centro del campo y defensa son espacios esenciales para que el resto de las piezas ofensivas funcionen. El español Javi García, ex del Real Madrid, y el internacional brasileño Ramires son el alma de la medular. Entre todos ellos han contribuido a que Aimar y Saviola reinventen su magia.