VICENT CHILET VALENCIA
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David Navarro, un gran central que ha sabido con paciencia, trabajo y silencio reconducir una carrera que había tomado el rumbo equivocado, dio con su cabezazo tres puntos de oro al Valencia, que se afianza en la cuarta plaza tras un encuentro roto, atiborrado de ocasiones de gol y jugado sin tregua alguna, y ante un rival luchador y valiente, que hizo sudar mucho el triunfo.
Con el mismo once inicial que despedazara al Almería, el Valencia saltó a la Rosaleda, tierra santa de la historia blanquinegra, con ímpetu y sed de goles, como si el primer minuto de partido fuera el último. En tres minutos Villa ya se había encontrado con el poste y había obligado a Munúa a realizar una exigente estirada para desviar a córner un remate de cabeza. La defensa local, compuesta a la antigua usanza, con tres centrales y laterales de largo recorrido, sólo podía achicar agua ante las continuas llegadas de los cuatro "bajitos" valencianistas. Pero el Málaga también desplegó sus mejores argumentos. Tiene un plantel más potable que el que indica la clasificación. Posee buenos peloteros, como Apoño y Duda, un excelente lateral (Gámez) y puntas de lanza veloces con Luque y el nigeriano Obinna, un delantero forjado en la hambruna goleadora del "calcio". El ex de Chievo e Inter fue quien más puso en aprietos a César. El Valencia seguía maniobrando bien en ataque (incluso Albelda llegaba en segunda línea), pero el partido, como tantos del arranque de temporada, parecía muy vivo, demasiado descontrolado y con excesivas jugadas de ida y vuelta. Pese a todo, la primera parte acababa sin goles y Villa se desesperaba por la intimidación de Weligton y Stepanov en la marca y por una acción en la que Pablo, que casi marca, disparó en vez de regalarle el pase.
La precipitación del primer acto siguió después de la reanudación. Con la lesión del central Juanito, el Málaga pasó a jugar con un 4-4-2 y puso en más aprietos al Valencia. César sacó dos manos salvadoras en sendos remates a bocajarro dentro del área pequeña. Los de Emery contrarrestaron con latigazos de talento de Silva, inspirado según avanzaba el crono, que se fabricó él mismo una jugada cuyo disparo acabó desviado por poco y Villa, que falló la segunda vaselina de la noche. El partido estaba roto y el gol acabó por caer del lado valencianista. David Navarro, ya salvador ante el Slavia, marcó los tiempos como un ariete y remachó de cabeza a gol un pase perfecto de Pablo Hernández al segundo palo.
El Málaga acumuló delanteros y atacó con todo en el último cuarto de hora, pero el Valencia, por cuarto partido de liga consecutivo, y con la ya tradicional aportación de San César, amarró tres puntos importantísimos.