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ara quienes bordeamos ya la tercera edad, ver jugar al Milan, que está en la cuarta, resulta revitalizador. Un equipo que podría participar en la liga europea de asilos, es capaz de plantarle cara al Super Madrid y de arrebatarle cuatro de los seis puntos que acaban de disputarse entre ambos. ¿Milagro de la cirugía estética? ¿Avance de la de la geriatría? Nada de eso. Orden y, por supuesto, calidad técnica. Pero, sobre todo, sabiduría táctica, un concepto que a las estrellas de Florentino, por ahora, les suena a chino.
En cambio, el equipo italiano aun posee algunos genes del deslumbrante Milan de Arrigo Sacchi que llevó a cabo la última gran revolución táctica del fútbol -desde entonces, seguimos igual: estancados en el 4-4-2-. No queda nadie de aquella época en este Milan de ahora, pero, en su staff técnico figura el inconmensurable Franco Baresi que algún sabio consejo le dará a Leonardo, el entrenador.
Este conjunto de respetables abueletes que rodean al centelleante Pato, explota a la perfección sus recursos y no cae en la trampa de enfrentar al rival en el terreno que le es desfavorable: el físico. Les basta con ocupar las zonas donde se saben seguros y mover el balón con inteligencia, para poner de relieve las carencias de un Madrid repleto de lujo pero carente de sentido.