VICENT CHILET
Franz Kafka era el elegido para escribir la crónica del inexplicable partido que se jugó en su Praga natal. Porque puestos a encontrar un adjetivo, posiblemente sólo sirva ése, el de kafkiano. Porque la remontada sufrida en contra no fue para nada heroica ni épica, como dictan los cánones. De eso nada. Fue absurda, ridícula, casi cómica. Con 0-2 a favor y superioridad numérica y tras haber firmado durante 75 minutos un partido prácticamente perfecto, el Valencia se dejó empatar por un Slavia indolente y sin alma. Un empate sonrojante que compromete su futuro europeo, porque el Génova, que derrotó al Lille, iguala a los de Unai Emery en la segunda plaza. Pese a todo, los blanquinegros aún dependen de sí mismos. Con ganar al Lille en Mestalla y resistir en la olla a presión del Marassi genovés, deberá bastar para pasar a la siguiente fase.
Se podrá decir, sin faltar a la verdad, que en el gol anulado a Mata no había ni falta al defensa ni fuera de juego. Que en el contragolpe que originó el 2-2 hubo una clara falta a Bruno, que el colegiado, un tal Svein Oddvar Moen, pitó en contra y además dejó que se reanudara el juego varios metros más adelante de donde se cobró la infracción. Pero ninguna de esas eventualidades justifica un naufragio producido por un exceso de relajación impropio de ese escudo y esa camiseta. En tres minutos de dejadez absoluta se fue todo al traste.
Hasta ese momento el Valencia había controlado con firmeza un partido plácido, sin historia. El Slavia no era, ni de lejos, el equipo respondón que tanto inquietó en Mestalla en la primera parte. Hlousek, una bala por la izquierda en Valencia, no aparecía en ataque y en defensa el cuadro checo resultaba mucho más blando. Los de Jarolim no presionaban más allá de la medular. Ni el emotivo recuerdo que la afición local tributó a Vesely, atacante de la Checoslovaquia de Panenka que le arrebató a la Alemania más legendaria la Eurocopa de 1976, contagió algo de adrenalina al Slavia. El Valencia era el dueño y llegaba al área con facilidad, por el centro y las bandas. El gol que hacía justicia nació de las botas de Marchena. El reaparecido capitán (que actuó de mediocentro y no de central como se daba por seguro) daba un pase de más de cincuenta metros a Mata, que fue arrollado por su marcador. Un penalti de libro que, en ausencia de Villa, se encargó de ejecutar Joaquín. Después llegó el mencionado gol legal, mal anulado de Mata.
El encuentro pedía a gritos la sentencia. Nada parecía presagiar el desastroso desenlace, ni siquiera las temblorosas manoplas de Moyà en los contadísimos disparos checos. Maduro se sumaba a la fiesta en el primer minuto de la reanudación al enganchar una magnífica volea, con el empeine frontal, en el rechace de un córner que se coló por la escuadra. Además, segundos después, Senkerik, decidió autoexpulsarse. Quedaban cuarenta minutos, en apariencia, desnudos de toda emoción. Los periodistas checos ya tenían cerradas las crónicas, seguramente con epítetos soeces hacia los suyos. Pero en tres minutos calamitosos se fue todo el buen trabajo a la basura. Un córner sin marcajes, un contragolpe prescindibleÉ y un empate injustificable. El Valencia había resucitado a Kafka.
FICHA
Slavia. Romanov (Vaniak min. 28), Hubacek, Suchy, Vomacka, Celutska, Traapp. Krajcik, Grajciar (Smicer min. 85), Hlousek, Naumov (Janda min. 46), Senkerik Valencia cf. Moyà; Bruno, Maduro, Navarro, Mathieu (Del Horno min. 69); Marchena, Baraja, Joaquín, Mata; Silva (Pablo min. 57) y Zigic. Goles. 0-1 min. 21 Joaquín, de penalti. 0-2: min. 46 Maduro. 1-2: min. 78 Llanda. 2-2: min. 81 Grajciar?a ÁRBITRO: Svein Oddvar Moen (sueco) Ta T. amarillas: Senkerik, Pablo, Mathieu, Trapp, Baraja, Smicer. Tr T. rojas: Senkerik min. 46 . Baraja min. 92. e Estadio: Eden Stadion, media entrada.