El ágora, esa plaza pública donde los atenienses tenían su lugar de encuentro y debate, acaba de reencarnarse en versión moderna dentro del complejo vanguardista de la Ciutat de Les Arts i les Ciències. Diseñada por el gran Calatrava, personaje que ansia pasar a la historia por sus obras arquitectónicas, es una auténtica maravilla que completa esa nueva postal de Valencia que se vende al turista oÉ a los organizadores de eventos. La imagen que ahora vende Valencia ya no es la del Miguelete, la Catedral, la Lonja, ni, por supuesto, las playas, sino la Ciutat de Calatrava, me decía el otro día un experto en marketing. Así, qué no hay mejor ubicación para el Open 500 de tenis que ese marco incomparable. Lo de menos es todo el gran montaje que precisa: cancha de juego y graderío dentro del recinto, otra cancha de competición en los aledaños, dos pistas de entrenamiento dentro del Umbracle, amén de todos los servicios que ello comporta y el village de patrocinadores (uno de los grandes aciertos del tenis, exportado a otros deportes), los dos restaurantes, el video marcador exterior con mesas y sillas para verlo y otro bar-restaurante. Todo ello cuesta un potosí, que no sé si La Generalitat, el gran pagano del evento, abona puntualmente o lo hace con el retraso acostumbrado, a años vista, como a los proveedores, a las universidades, las federaciones deportivas, los ayuntamientos, a la Diputación de Alicante y a tuti quanti.
Estas cosas de la cocina y la intendencia no hay que sacarlas a la luz. Quedan entre bastidores. Lo que se ve es la función y esa es bastante buena. El americano Rodik no ha venido, a Ferrero lo han eliminado prematuramente (es difícil ser organizador y jugador a la vez), con Nadal y Federer no se contaba de antemano... Pero el torneo es de las mejores en su categoría. Desde luego de lo mejor que se puede ver en Valencia. Como gran evento es uno de los que una ciudad como la nuestra debe apostar, al igual que el Campeonato del Mundo de Motociclismo (una pena la coincidencia entre ambos) donde tenemos buen Circuito y buenos pilotos.
Así que felicidades, porque, además, el público está respondiendo bien, teniendo en cuenta que son muchos días, muchos partidos, casi desde la mañana a la noche. El ambiente en los alrededores es excelente y entre los amantes del tenis, los invitados (que son muchos) y los curiosos y visitantes del complejo que pasean entre las carpas de las diferentes empresas instaladas allí, aquello se asemeja a la supuesta ágora griega, algo más comercial y menos literaria, pero ilustrativa. Hasta la famosa ensaladera, el gran trofeo de la Copa Devis, cuya final se disputará el próximo mes en Barcelona, ha estado expuesta, y uno se podía hacer fotos con ella y casi tocarla. De modo que el ambiente está casi más fuera que dentro del propio recinto, y la verdad es que la belleza está en ese entorno. La propia Ágora es más bonita contemplada desde fuera que por dentro. Y ahí es donde surgen las dudas. El espacio interior es pequeño. No tengo claro que quepan 5.000 espectadores, y si caben no parece que cumplan con las medidas de seguridad, por lo que sería bueno conocer los informes de Bomberos y Protección Civil, si es que los hay.
En cualquier caso, el dilema es el mismo que aflora siempre en los grandes eventos que se organizan en Valencia. El Open de tenis, magnífico. La Fórmula 1, como espectáculo, extraordinario. Pero, ¿merece la pena, en los tiempos que corren gastarse 80 millones todos los años, acondicionando las calles para hacer un circuito de quita y pon?.¿Se justifica un gasto de 90 millones de euros -por el momento- en construir un edificio vacío, que no se sabe muy bien para qué va a servir?. Claramente digo que no. Que es una barbaridad. Como se trata de equipamientos que albergan eventos deportivos, hubiera sido mejor construir un gran pabellón para 15.000 espectadores, lo que necesita Valencia, además, para seguir con esa apuesta que por montar grandes eventos. Porque, al final, resultará que uno de los usuarios principales del Ágora será el deporte, con el inconveniente de tener que montarlo todo cada vez. Es verdad que el marco es muy bueno, y ese gran pabellón en el barrio de Malilla, por ejemplo -como pidieron una vez los del Pamesa- no tendría la misma afluencia ni el mismo ambiente externo. Pero pregunto, así en voz alta, como quien no quiere: ¿No se le podía haber encargado a Calatrava que lo constuyera allí, con un diseño parecido al resto, él que hizo la cubierta del Estadio Olímpico de Atenas?. Lo dicho, el tenis fantástico.
?Profesor de la Universitat de València