JOSEP BARTUAL
Veinticinco niños y dos niñas miran asombrados a un señor que está en el fondo del box de la Cuna de Campeones Bancaja. A algunos les dobla la edad, pero lo que marca las diferencias es el volumen. Los chavales son menudos y delgados. Pesarán entre 40 y 50 kilos. El señor del mono blanco y rojo alcanza los 75. Mucha pinta de piloto no tiene. Pero allí está, nervioso e impaciente por saltar a la pista.
"¿Vas a correr con nosotros?", pregunta Eric Granado, un joven brasileño que hace unos cuatro años fue fichado por Julián Miralles para que participara en la Cuna de Campeones. Cada vez que corre en España, se coge un avión desde Sao Paulo. Lo hace, dice, porque algún día quiere ser como Rossi, su ídolo y el de miles de chavales como él. El señor trata de encajarse en su mono rojo y blanco. "Soy periodista y la organización me ha invitado a correr esta carrera con vosotros para que le cuente mi experiencia a los lectores de Levante-EMV", le explica a Eric. El moreno paulista le mira de arriba a abajo para convencerse de que en unos minutos compartirá pista con él, y tras examinarlo, le contesta: "¡Qué guay!".
Ambos se reúnen con el resto de participantes en el box de la organización. Todas las motos son iguales, excepto la del señor periodista. En breve se subirá a una 125 GP diseñada y construida por Julián Miralles para correr el Campeonato de España. Está a medio camino entre las Honda y las Aprilia, y su hijo Julián la ha estado desarrollando. Es una moto crítica, y como le explica Junior al señor redactor, "para rodar rápido con ella tienes que ir al límite. Otras motos te permiten fallos, pero con ésta, si no vas bien, no tienes nada que hacer". Aquello asusta al señor del mono rojo y blanco. El lector debe saber que los niños no corren en igualdad de condiciones. Llevan unas motos denominadas PreGP algo menos potentes.
Y llega el momento de salir a pista. El señor periodista (bueno, en realidad apenas supera la treintena) está un poco acongojado. Se repite a sí mismo que no quiere caerse y que no quiere estorbar en la pista a ninguno de los chavales. Tras unas breves indicaciones de su mecánico, llega la hora. Tiene 30 minutos para intentar marcar un tiempo decente para no ser el hazmerreir del box. El primer objetivo lo cumple. Ha salido con la moto y no le ha calado. El segundo, rodar con fluidez, también lo consigue. Todo es mucho más fácil de lo que había imaginado, y aunque la posición de conducción no es nada cómoda, poco a poco comienza a bajar sus tiempos. La maldita curva de derechas del puesto 15, una redonda donde los grandes pilotos marcan las diferencias, se le atraganta una y otra vez. ¡Qué desastre!, se repite dentro del casco. Al final de la tanda comienzan a pasarle algunos chavales. Los condenados vuelan en la pista, pero el joven redactor consigue seguirles algunas curvas. Antes de finalizar para en el box para pedir agua: "No puedo más, me asfixio aquí dentro", le dice a su mecánico. No queda tiempo, así que sale pitando de nuevo a pista y en cuatro vueltas marca un 1:56.999, a 6,8 segundos del mejor, el piloto valenciano Jorge Navarro. Eric Granado ha terminado 12º, y tercero de su categoría. "Eh, te he adelantando en la recta", le dice con una enorme sonrisa al joven periodista, que ya sin el casco y empapado de sudor, siente que ha cumplido su pequeño sueño. Ahora ya puede contar que ha corrido un Gran Premio, aunque sea con niños.