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demás de residentes en Valencia, David Albelda y Rubén Baraja aunque no son amigos, sí se tratan como compañeros. El tiempo ha firmado su paz. La sombra de Juan Soler sigue siendo alargada y no sólo por las cuestiones económicas pendientes.
Albelda y Baraja compusieren pareja de baile bien avenida y con condiciones futbolísticas complementarias en los momentos felices de los títulos y en los decepcionantes. Una conversación de ambos en el despacho del ex Juan Soler, fue el detonante del hecho más insólito y vergonzante de la historia del Valencia. Soler se pasó la vida diciendo que estaba aprendiendo y en tal etapa aún escuchó voces bienintencionadas. Cuando comenzó a creer que ya lo sabía todo fue peor. La diferencia de trato que dispensó a los capitanes provino de aquella cita en la que el de la Pobla Llarga no fue complaciente y expuso sus ideas con claridad. Soler creía que había fichado a Pelé y Melé y Albelda cometió la osadía de decirle que sólo había contratado suplentes y con ello no se mejoraba la plantilla.
Soler presidía la falla de la calle Pizarro, que por cierto, era superada en los premios por la de Juan Armiñana. A los festejos de su casal asistieron algunos jugadores, entre ellos Baraja, con su esposa. Albelda le dijo a la suya que no aceptara ninguna invitación de la doña. Soler acabó montando en cólera y sentenció al de la Pobla Llarga con Cañizares y Angulo, quienes tampoco eran de su gusto y sus opiniones chirriaban. Dentro de la plantilla no hubo el debido movimiento a favor de los discriminados. Baraja podía haber promovido un acto de protesta o una conversación para el entendimiento y no consta que lo hiciera. Al menos públicamente, no se manifestó a favor de los sancionados. Tampoco se posicionó favorablemente al trío, Carlos Marchena. Ha pasado el tiempo que dicen cura las heridas, y aunque así suele ser, las cicatrices quedan. Albelda y Baraja conviven como compañeros, pero no se les puede exigir amistad.
Santiago Cañizares, ahora comentarista televisivo y radiofónico, se comporta como valencianista en sus opiniones. Defiende al club, a quienes fueron sus compañeros y, en general, a los guardametas y muy especialmente a César y Moyà, sus sucesores. Cañizares, sin embargo, respira por la herida. Por ejemplo, de Marchena suele decir que su mejor puesto está en la defensa. No lo considera mejor que Albelda y ni por asomo considera que éste puede ser suplente en beneficio del otro. De Baraja no dice grandes cosas, pero ya le he oído decir que es jugador que se lesiona muchas veces a lo largo de la temporada.
Manuel Llorente no desea que se vuelvan a producir disensiones tan profundas como las padecidas con Soler y aquel consentidor llamado Koeman. Para su aula regia de asesores aúlicos de la que quiere rodearse no sólo cuenta con los capitanes actuales, Villa, Marchena y Vicente, sino que también recupera para la causa a los ex Albelda y Baraja y añade el complemento de la veteranía de César. Un club en el que la paz empieza nunca, parece que ahora se fomenta la del vestuario. Buen síntoma.