AMPARO BARBETA VALENCIA
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Es el líder de la defensa del Zaragoza. Y lo fue de la del Valencia. Es el "4". Fabián Ayala volvió a pisar anoche Mestalla, el que fuera su campo durante siete temporadas, y no le tembló el pulso a la hora de repartir "cera" a los que fueron sus compañeros hace cuatro años.
El central, que cumple su tercera campaña en Zaragoza, exhibió su caché como defensa. Menos rápido que cuando compartía tareas con Pellegrino, el segundo jugador que más veces ha vestido la camiseta de Argentina (115 por las 136 de Javier Zanetti) intentó secar a David Villa, convirtiéndose en su sombra. Tarea complicada. O más, imposible. El "ratón", que recibió algún que otro silbido, es de los que engrandece a su compañero y así ocurre con Pavón, aunque ante la rapidez y movilidad de los "pequeñitos" del Valencia poco pudo hacer.
Ayala es el jefe de la defensa. Lo fue y lo és. Y del grupo -se pasó el partido alertando a Ponzio sobre Banega-. El argentino es quién coloca al equipo y el que da instrucciones a López Vallejo de cómo debe actuar en cada momento. Aunque ayer, por momentos, sus gritos se quedaron en nada.
Investido de capitán, el argentino fue quién llevó la voz cantante a la hora de protestarle a Muñiz Fernández el gol anotado por Mata. Ayala fue el primer jugador que protestó airadamente el fuera de juego de Villa que, desde la banda, había señalado el juez de línea. Con el rostro desfigurado, el ex valencianista se encaró con el árbitro exigiendo que el gol fuera anulado. No lo logró. Ya había subido al marcador. En los goles de Villa y Pablo, Ayala fue un mero espectador.
Con 36 años, el central suple sus carencias físicas con una excelente colocación y un pundonor incuestionable, pero anoche, se le atragantó tener enfrente a los "cuatro fantásticos" cuando incomprensiblemente su equipo jugaba con una defensa tan adelantada que facilitaba la llegada desde atrás de los irrefrenables Pablo, Silva, Mata y Villa.
Y para no irse sólo con el recuerdo de la goleada, Ayala vió (m. 83) una cartulina amarilla por una obstrucción sobre Silva y puso en bandeja a Mestalla que le dedicara una "sonora" pitada.