VICENT CHILET VALENCIA
Pablo, Silva, Mata y Villa llevan camino de alterar el código genético del Valencia, que la historia ha enseñado como "bronco y copero". Es decir, equipos graníticos en defensa y listos y furtivos en ataque. La realidad del presente es otra. No se recuerda tanta exuberancia ofensiva desde los tiempos de Rep, Diarte y Kempes (palabras mayores) o, forzando la comparación, en algunas rachas del irregular Valencia de Hiddink. De hecho, la afición se sumió en un "flash-back" cuando, en la segunda mitad y con el marcador resuelto, acabó recuperando la tradición de saludarse desde los fondos, algo que no acontecía desde hace muchos años. Pablo, Silva, Mata y Villa desorientan a sus marcadores con sus constantes intercambios de posiciones. Triangulan velozmente, con los ojos cerrados, combinando estética y eficacia. Como reza la máxima del boxeo que inmortalizó a Mohammed Alí, vuelan como una mariposa y pican como una abeja. Ayer, arropados de nuevo desde la firmeza defensiva, sus imprevisibles aguijonazos se cebaron con el Zaragoza y devolvieron la sonrisa a Mestalla, donde el Valencia no vencía desde el estreno liguero ante el Sevilla. Las credenciales del equipo de Unai Emery son sólidas.
Sobre el césped se plantaban uno de los mejores ataques del campeonato, el del Valencia, y una de las defensas más endebles, la zaragozista. Las estadísticas previas pronto se manifestaban con los problemas que Pavón tenía para marcar, sobre todo en los desmarques sin balón, a Villa. La adelantada línea defensiva del Zaragoza permitía que el cuarteto valencianista pudiera combinar con facilidad. Así se facturó el primer gol, que llevó incluida polémica. Villa rozaba el fuera de juego -el asistente de Tribuna levantó la bandera- pero no llegó a tocar la pelota. Mata entró como una flecha por detrás encaró a López Vallejo y definió con sencillez. El primer gol, por momentos, no tranquilizó la tarde. El Zaragoza, efectivo en la presión, se apoderó de la pelota y comenzó a acercarse con cierto peligro al área de César, bien en jugadas a balón parado botadas por Jorge López o en escapadas de Ewerthon. Al rescate de ese breve lapso de sopor acudieron Pablo y Villa, Villa y Pablo, que en dos minutos, el mismo espacio de tiempo en el que se derrumbó la ventaja en Praga, se intercambiaron los papeles de asistente y goleador para marcar sendos tantos que dejaban cerrada la contienda. En ambas jugadas el Zaragoza había pagado los excesos de su defensa adelantada, un regalo en bandeja de plata para remachar a la contra.
En la segunda mitad, el Zaragoza redujo distancias pero no hubo ni relajación ni psicosis. Es más, López Vallejo tuvo que multiplicarse para evitar el cuarto gol, que los locales buscaron con ahinco. Mestalla huele a pólvora.
Valencia cf. César; Miguel, Navarro, Dealbert, Mathieu, Albelda (Marchena min. 87), Banega (Baraja min. 77), Pablo (Joaquín min. 90), Mata, Silva y Villa.
Real Zaragoza. López Vallejo; Pulido, Ayala, Pavón, Paredes, Ponzio (Gabi min. 66), Abel Aguilar, Jorge López (Babic min. 65), Lafita (Alex min. 73), Ander y Ewerthon
Goles. 1-0: min. 17 Mata. 2-0: min. 39 Villa. 3-0: min. 42 Pablo. 3-1: min. 64 Abel Aguilar. a
ÁRBITRO: Muñiz Fernández TG T. amarillas: Pulido, Abel Aguilar, Villa, Gabi, César, Ayala, Alex. Tr T. rojas: Marcelino.