Otra vez las selecciones interfiriendo en la marcha de los clubes. Ahora, la víctima del saqueo al que se ven sometidos cíclicamente los equipos, es el Real Madrid. La asaltante es la Federación Portuguesa de Fútbol; el codiciado objeto de deseo es Cristiano Ronaldo, por quien Florentino pagó la friolera de 94 millones, a los que hay que sumarles 13 millones de salario anual. A sufragar ese altísimo coste no contribuye Portugal, pero su seleccionador, Carlos Queiroz, usufructúa al jugador cuando le place que, obviamente, es siempre.
Para poder rentabilizar esas astronómicas cifras y transformarlas en una inversión, el Madrid no puede consentir la frivolidad de que llegue Portugal y, sin soltar un penique, se lleve al futbolista por el morro. Tampoco puede el Madrid jugar con el fuego de la lesión de su futbolista, porque corre el peligro de abrasarse.
La FIFA no sólo permite este pillaje de las federaciones sino que encima lo ampara reglamentariamente y obliga a los clubes a ceder por la cara a sus estrellas, y a éstas a acudir a los torneos que organiza. De ellos obtiene pingües beneficios, una parte de los cuales reparte luego entre las federaciones participantes. El chollo retroalimentario, se las trae.,
Los futbolistas, por su parte, tragan con esta piratería, porque cobran sustanciosas primas, y ya se sabe que la zona más sensible del futbolista no es la rodilla o el tobillo, sino el corazón, allí donde la cartera. Conociéndoles, y salvo alguna excepción como Raúl, que cae en trance, emocionado, cundo suena el «chunta-chunta», no creo que a la mayoría, los colores de la bandera les ponga rijosos.
A mi, que la patria tampoco me excita demasiado, y encima me debe 15 meses perdidos de mili, si me llegara su llamada con esas condiciones contractuales, también acudiría encantado en defensa de su honor. Puro sentimiento.