J. M. BORT VALENCIA
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"¡A por ellos, oé a por ellos, oe!". En sólo dos minutos, la hinchada alcoyana recuperó en las gradas de Mestalla su vieja leyenda. El golazo de Víctor Curto y la expulsión de Alexis, rondando el final del primer tiempo, pusieron a temblar los pilares de la grada norte del estadio, coronada ayer por una masa blanquiazul con muchas ganas de guerra. El caso es que, en ese instante, una idea obsesiva recorrió el resto de butacas del estadio. Como en los tiempos de la postguerra, el Deportivo Alcoyano se venía arriba ante un grande. En desventaja y fuera de casa, fiel a su historia.
"¡Deportivo, Deportivo!". Los animos de los más mil seguidores alicantinos crecieron con el paso de los minutos. Un lanzamiento al larguero y la salida en tromba, al más puro estilo inglés, tras el descanso, recordaron el código genético del mítico Alcoyano. El flujo de decibelios desde el gallinero no paraba de crecer. El equipo rojo arriba, dueño del balón; el Valencia atrás, resguardado, esperando el contragolpe. Hasta que la locura visitante llegó en los últimos minutos. Paco López ordenó a los suyos un ataque frontal sobre el área del Valencia, a cara descubierta. Desbocados, sus futbolistas establecieron el empate , aún con tiempo posible para la remontada y la clasificación. Sólo faltó el orgasmo.
Cualquier otro equipo de Segunda B no habría despertado, seguro, tanto respeto en la grada en el segundo tiempo, cuando el Valencia se hizo pequeño. El fútbol está lleno de sucesos, o casualidades, que confirman la idiosincrasia de algunos clubes. Son hechos sociológicos, culturales, que van mucho más allá de los deportivos. El Atlético de Madrid, el Liverpool, el Torino o el Levante UD, por nombrar algunos casos, son equipos que han forjado sus historias a base de episodios repetidos, como si alguien hubiera escrito sus destinos.
Resulta que el Alcoyano, cuenta la leyenda, iba perdiendo un partido por un resultado abultadísimo, irremontable. Es un capítulo lleno de oscuridad, con varias versiones, pero los más viejos del lugar hablan de un encuentro de Copa del Rey de 1948. El rival echó el balón fuera y sus jugadores se dirigieron al árbitro para suplicarle unos minutos de descuento. Otros cuentan que el colegiado pitó el final y los futbolistas blanquiazules le pidieron explicaciones.
Lo cierto es que no importa el año, ni si perdía 13-0. La moral del Alcoyano quedó grabada en la historia del fútbol español como un gesto tragicómico. Poco o mucho que ver, según se mire, con lo sucedido anoche en Mestalla. A tres goles de distancia de la remontada tras los tantos de Marchena y Zigic, el Alcoyano jamás arrojó la toalla. En el partido moral, fue el claro ganador.