VICENT CHILET VALENCIA
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Empujado por la fuerza de su leyenda, la proverbial moral, el Alcoyano acabó reduciendo al Valencia a un vulgar manojo de nervios. Le obligó a encerrarse atrás, en su estadio, pedir la hora y dar gracias por el empate. A base de orgullo y dignidad, ahí donde se igualan grandes y chicos, ricos y pobres, el más allá y el más acá, el Alcoyano se apoderó del encuentro. Ni con tres goles en su contra en la eliminatoria, el conjunto de Paco López dejó de luchar y de apostar por un fútbol de ataque. Y casi logra tumbar a un Valencia que vuelve a evidenciar la abismal diferencia existente entre los teóricos titulares y suplentes. Sólo Joaquín, y Miku y Alba con algún destello, se reivindicaron.
La ventaja de la ida era corta y la eliminatoria no estaba cerrada. En vez de tratar de resistir a la mayor calidad local y, con el paso de los minutos, agrandar el relativo margen para la sorpresa, el Alcoyano saltó al terreno de juego dispuesto a tutear al Valencia con defensa adelantada y balones largos. Pero a las primeras de cambio el Valencia parecía (sólo eso) cortar de raíz todo atisbo de emoción. Joaquín sacó el córner al primer palo y, en un escorzo dificilísimo, Marchena remató de cabeza y sorprendió a Dorronsoro. Con el gol en contra el Alcoyano incrementó su valiente apuesta. No tenía otra opción. O resignarse o aventurarse a la heroicidad. El Valencia, como sucediera ante el Zaragoza, iba a contar con muchos espacios a las espaldas de la defensa visitante. A Jordi Alba le anularon de manera incorrecta un gol y, a continuación, Miku se marcó una gran cabalgada por la izquierda para acabar entregándole el gol a Zigic. En los minutos posteriores los pupilos de Emery pudieron haber aumentado la renta, pero tanto Miku como Joaquín regodearon en exceso el momento del remate final.
El Alcoyano, por su parte, seguía a la suya, sin renunciar ni rendirse, y además pisaba área. Barrena casi llegó a un remate franco y Víctor Curto se sacó un derechazo desde 25 metros que se tragó Moyà. En los últimos minutos del primer acto el Valencia se sumió de nuevo en una espiral autodestructiva. Alexis, completamente descentrado esta temporada, liquidó su pique con Luis Gil con dos tarjetas, tan innecesarias como justas. Antes del descanso, el larguero evitó el empate del Alcoyano.
Antes de arrancar la segunda parte, Paco López reunió a sus jugadores en el centro del campo. Toda una declaración de intenciones. Emery restableció el dispositivo defensivo con Mathieu y Dealbert de centrales. Baraja (con molestias musculares) y Zigic eran los damnificados. Miku se quedaba como único delantero.
El resultado, la imagen e incluso la eliminatoria seguían en juego. El Alcoyano llevó la iniciativa del juego. Sólo con el avance de los minutos, el Valencia fue igualando fuerzas y el Alcoyano, con poca gasolina tras tanto esfuerzo, acumulando tarjetas. Pero quedaba la última embestida. El Alcoyano había decidido morir de pie. Moyà desvió a córner un cabezazo de Franch y Carpio batía por el palo corto a falta de seis minutos, que a Mestalla se le hicieron eternos.