Pino Zamorano la armó. Señaló penalties que no eran, ignoró otros que eran, y dejó al Levante con nueve jugadores. Expulsó al fisioterapeuta granota Pepe Baixauli. Denunció al encargado del césped Raimon Ferrer y al aficionado José Besalduch por increparlo cuando alcanzaba el túnel de vestuarios. El portero Reina fue el héroe del partido, deteniendo dos penalties». Esto lo leemos en nuestra ficha del partido el 12 de octubre del año pasado cuando visitó el Girona el Ciudad de Valencia y acabó empatando a uno en los minutos finales. Esta tarde nos gustaría no tener que anotar parecidos incidentes y volver a destacar la actuación del portero Reina, que buena falta le hace.
Pero probablemente se encontrará sentado en el banquillo a causa de sus últimos errores y no podremos hacerlo. Es el sino de los guardametas. Salvo contadas excepciones están condenados a pasar del estrellato al anonimato con rapidez vertiginosa. Así les ocurrió a anteriores porteros defendiendo al Levante. A Veiga, que se marcó una excelente temporada 1998-99 y luego recibió la condena de la grada al comenzar a fallar. A Rafa, que tuvo admirables actuaciones cuando fue fichado en marzo de 2002 y en la siguiente temporada fue castigado con dureza por la afición que no le perdonó sus inesperados errores al final del campeonato. A Mora, que sobresalió en el Levante del ascenso en 2004 y después bajó sensiblemente su rendimiento en Primera. Como ellos, podríamos citar muchos más casos, demostrativos de la tensión que se vive en el rol de guardameta. Sin duda alguna, es el puesto más difícil de cubrir en un equipo de fútbol. Porque los jugadores de campo se sienten acompañados mientras el portero se siente siempre solo.
Si finalmente Manu le toma esta tarde el relevo al bueno de Reina, debemos confiar en él. Cualidades tiene de sobra para hacerlo bien y ayudar a sus compañeros frente al habitualmente incómodo Girona como visitante del Levante. Que llega esta vez con un equipo deseoso de hacer historia en la capital catalana afincándose en Segunda A. En una ciudad donde se ha vivido durante varios lustros más pendiente del baloncesto que del fútbol. Al igual que ha sucedido y sucede en Cáceres y Vitoria, por poner otros ejemplos. Ganar o ganar hoy a este Girona. No hay más opciones para el Levante que necesita además demostrar que está aprendiendo a manejar los segundos tiempos. Una dura asignatura que tiene pendiente de aprobar el equipo de García Plaza y que le ha llevado a perder importantes puntos dejando que le burlara la caprichosa victoria cuando la tenía en sus manos. Como si fuera un frustrado Don Juan Tenorio — estamos en su mes y lo citamos — al que, después de aplicar con éxito sus buenas artes amatorias, se le burlara Doña Inés al final y se le escapara sin rendirla.