Desde hace meses, Társilo Piles, presidente de la Fundación VCF y Miguel Zorío ex consejero y factótum de Vicente Soriano, andan a la greña, «matam i te mataré», como dos gallitos de pelea. La trifulca debería importarnos una higa si no fuera porque el campo de batalla en el que guerrean es el Valencia CF. El primero va a utilizar hoy los votos de la/su Fundación para reprobar la gestión de Soriano y su equipo, del que formaban parte los actuales directores generales Javier Gómez y Fernando Gómez. A ver cómo se pinta ante al Asamblea de accionistas, este contrasentido. Zorío, que no para de enredar —vive de eso— tiene guardada una bala en la recamara, con la que apuntar a su contrincante y mantenerle a raya. Lo malo será si se le dispara el revolver antes de desenfundar, se pega un tiro en el pie y acaba cojo.
Guiness Rita. Lo más aparente no equivale a lo mejor. Esto tan sencillo habría que explicárselo a la alcaldesa de Valencia, que andará ahora henchida de gozo por la capitalidad europea del deporte que le acaban de conceder a la/su ciudad. Lo malo es que, llevada por ese afán de que Valencia figure la primera en todo tipo de rankings, listas y catálogos, arrastrada por ese viento de liderazgo mundial que sopla desde el Palau de la Generalitat, Rita Barberá se opone a que el VCF, acuciado por las deudas, reajuste el presupuesto del nuevo estadio, rebaje los humos del proyecto inicial y plantee una instalación más funcional y menos lujosa. Qué has dicho. Que no. Que, por encima de todo y a costa de lo que sea, la alcaldesa quiere «el liderazgo mundial de los estadios». Oropel y relumbrón.
Sabemos por boca de Salva Regues, su ex novio de juventud, que Rita no es futbolera. De ahí que, más que entrar en el meollo de la cuestión y preocuparse de lo sustancial del asunto, se haya quedado en la imagen, en lo superficial, en la cubierta. Toda una metáfora de la absurda política de «Guiness world records» que tanto place a la primera édil.