J. M. BORT
VALENCIA
Usted que trata todos los días con los aficionados. ¿Cómo están los ánimos en la grada de Mestalla respecto a la evidente necesidad de vender futbolistas?
La gente entiende perfectamente que el partido más importante que está jugando el Valencia es en el terreno económico. La prueba es que se fue Raúl Albiol y no pasó nada. Todos saben que hay que ingresar dinero a final de temporada por otros jugadores, pero la afición está pensando en vender futbolistas como Fernandes, Banega, Miguel, Joaquín... Pero no hay la sensación de estar sufriendo con lo que pueda pasar. Al final, los ánimos los marcan los partidos, la marcha del equipo, los resultados. Y ahí estamos bien.
¿La afición asumiría la venta de las estrellas, como Villa, Silva, Mata o Pablo Hernández?
No, como máximo de uno. Vender a dos de ellos ya sería un desastre. Con buen criterio, con cabeza, estoy seguro de que se pueden llegar a los 44 millones. De Albiol pocos esperaban obtener 15 millones, así que con los jugadores que he nombrado antes y el ahorro de algunas fichas muy altas se podría llegar a esa cifra. Una de las críticas generales es que hay que quitarse lastre con las nominas y dejar la plantilla en 22 ó 23 futbolistas. Pero de las cuatro estrellas sólo puedes vender a uno y siempre que luego fiches a algún jugador «goloso» para la grada. Preparados para vender a Villa y Silva a la vez, por ejemplo, no estamos.
El mensaje del club es claro: vienen tiempos de austeridad. ¿Qué entiende usted por austeridad?
Depende la política que ponga en práctica el club. Para romper el equipo y vender a los mejores, no estamos preparados. Se ha hecho en otras épocas, pero siempre de forma escalonada. Por muy mal que esté el tema, no podemos bajar del cielo a la tierra. El objetivo siempre ha de ser clasificarse para la Champions. Lo que ha de haber es imaginación: volver a fichar a coste cero o traer jugadores cedidos. No debe haber vergüenza para pedir futbolistas en cesión, como ocurre en Inglaterra, y formar una red de ojeadores más amplia.
¿Volvemos al espíritu del Valencia de los 80? Eso, irremediablemente, supondría bajar un escalón.
En aquella época el escenario era distinto. Veníamos de pasarlo mal en el 82 y del descenso del 86. No había figuras, se apostó por la gente joven y sólo se fichó a Alcañiz y a Bossio. Ahora tenemos un equipazo, de los mejores que hemos tenido y a un entrenador de club. Insisto en que podemos ahorrar sin tener que deshacer el equipo. Me consta que es el camino que va a seguir el consejo.
¿No cree que la última época gloriosa —de 1999 a 2004— ha creado una generación valencianista demasiado exigente con el equipo?
Es cierto que los más jóvenes se han acostumbrado al caviar, pero no podemos dejar de ser exigentes. Somos sólo un poco más que antes, pero ser exigentes va con nuestra historia. Si hubiera habido Liga de Campeones en los últimos 30 años, la habríamos jugado casi siempre porque nuestro sitio ha estado entre los cuatro primeros.
De todas formas, ¿no cree que la temporada 2007 vino bien como baño de humildad?
Ese año sirvió para que los más jóvenes aprendieran una cosa. Que somos exigentes, pero también muy fieles. Nuestro defecto es que vivimos demasiado de las sensaciones, porque el club y su entorno está marcado por la exageración permanente. Pero nuestra fidelidad al escudo es innegable. Aquellos dos partidos ante el Zaragoza y el Osasuna los ganó la afición. Yo me emocioné viendo el campo lleno en un momento difícil. Como en el año en Segunda, demostramos que somos la afición más fiel y lo que queremos al club. La final de la Copa, también la ganaron los aficionados. En aquella época, nos reunimos con los capitanes enfrente de Mestalla. Necesitaban oir que la gente estaba con el equipo. Baraja me dijo: bajará el Zaragoza. Y el Zaragoza bajó.
¿Cuál ha sido su peor pesadilla en estos 7 años?
La mala gestión de Soler y Soriano y las mentiras de la temporada pasada. He estado un año haciendo el idiota. Las peñas debimos salir antes a pedir responsabilidades. Es una espina que tengo clavada. Nos han hecho mucho daño.
¿Cómo valora la decisión improvisada de Llorente de dejar en 9 las acciones necesarias para ir a las juntas?
Después de haber sido el único patrono de la Fundación que votó en contra de ese punto del día, no puedo decir que mal. De lo único que hizo Paco Roig en su día fue rebajar el número a 9 y la decisión era volver a los orígenes. Mi objetivo es defender a la afición de a pie y no me voy a cansar de hacerlo, aunque en el patronato los otros 49 peguen la cabotà.
¿Tiene usted fe en la verdadera democratización del Valencia?
Yo voy a luchar por ello hasta el final. Está bien que mande la Fundación, pero la mayoría de acciones debería estar en poder de los socios, como propuso Savia Nueva. La gente las compraría. Hay mucha gente que quiere acciones para llegar al mínimo de 11 y hay una larga lista de espera para el nuevo estadio. Lo más sano para el Valencia es que el que se presente a presidente tenga el respaldo de dos mil socios, por ejemplo, como pasa en el Real Madrid y el Barcelona. Así volveríamos a tener grandes dirigentes como Luis Casanova o Arturo Tuzón.
Algunos piensan que es una utopía.
Ahora sí, porque la sociedad está hipotecada por una empresa, que siempre mirará por sus intereses. Después, la Fundación puede autofinanciarse perfectamente. Se creó, entre otras cosas, para aportar dinero. Pero es necesario que todos los patrones nos espabilemos.