GERARD S. FERRANDO VALENCIA
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El Levante UD no pudo hacer ayer mucho más que salvar los muebles y seguir invicto en casa ante un Córdoba que, con un penalti a favor y con uno más durante 57 minutos, no fue capaz de marcar en un Ciutat de Valencia con una grada entregada.
La afición empezaba metida en el partido y lo hacía mucho más tras la pena máxima fallada por Pepe Díaz después de que el colegiado hubiera señalado un riguroso penalti de Pau Cendrós sobre Javi Flores. A partir de ahí, lejos de servirle de acicate, los levantinistas siguieron sin rumbo en el campo al tiempo que su rival iba llegando cada vez más, sobre todo, mediante faltas en la frontal.
Como si no se fiaran demasiado de Igor, ayer titular por la baja de Pedro Guerra, sus compañeros solían optar por apurar al máximo las internadas por banda o también por lanzar desde muy lejos. Consecuencia, en 20 minutos tan sólo una ocasión clara con un tiro de Juanlu a centro de Pau Cendrós que el portero despejó a córner. El tiempo pasaba y lo único que parecía ir a más eran los aspavientos de Luis García Plaza desde la banda. Los puestos de ascenso estaban ahí, una vez más, al alcance de la mano, pero otra vez había que sufrir. Por si fuera poco, el árbitro, que todo sea dicho, se había cambiado a última hora por la baja del asignado David Mirandés, interpretaba agresión de Serra a Arteaga y el Levante se quedaba con diez en el minuto 33. Paradójicamente, esto servía para que Igor se llevara una ovación al ser cambiado por Rodas en un intento desperado de García Plaza de no desajustar su defensa. El ritmo del partido se rompía y se llegaba al descanso sin que pasara nada, lo que beneficiaba a los locales.
La segunda mitad arrancaba con dos disparos altos de los andaluces. Uno de Javi Flores y otro de Arteaga, y lo que era peor, con un dominio cada vez mayor pues, entre otras cosas, la pareja de medios formada por Iborra y por un Pallardó aún falto de ritmo dejaba bastante que desear.
La sensación del empate rondaba cada vez más en el ambiente y también la idea de que si se rompía sería en jugada a balón parado. Así, Rubén Suárez, ante los cánticos de ánimo de la afición, dispuso de una en la frontal que, tras golpear en la barrera y en el portero se marchó fuera. Al tiempo que pasaban los minutos, y cuando se podía pensar que el cansancio podría hacer mella, pasó todo lo contrario. El Levante daba más sensación de peligro que nunca y eso volvía a animar a una afición que, por segunda vez en la temporada, pasó de los 5.000 espectadores pero que no pudo ver ganar a su equipo.