La biografía "no oficial" de Lorenzo Sanz le deja fuera de esa imagen idílica del "self made man" -el hombre hecho a sí mismo"- que dio de comer a sus padres y a su familia numerosa. En su época gloriosa como presidente del Real Madrid, se vanagloriaba de mantener a todos sus hermanos -eran nueve-, pero lo bien cierto es que sus padres murieron en Carabanchel sin nicho propio. Fueron enterrados en la tumba de la abuela de su mujer.
Nacido en Madrid en 1943, mayor de nueve hermanos e hijo de un guarda del Retiro, Lorenzo Sanz aplicó la necesidad a los negocios. Comenzó como chico de los recados en una peluquería y vendiendo agua en los aledaños del estadio del club blanco. Su afición por el fútbol le llevó a jugar en equipos de Tercera Regional, sin éxito.
A finales de los años 50, colaboró con varias editoras como agente de publicidad. Fueron sus primeros trabajos serios. En 1963 ya había comprado la revista de muebles y la imprenta donde se editaba.
Se dice que en los años 80 llegó a ejercer de guardaespaldas de Blas Piñar, para quien trabajó en su notaría. Sacó el título de agente de la propiedad y ello le abrió las "puertas del cielo". Eran años de "pelotazos" inmobiliarios y supo aprovecharlos.
Llegó a regentar el hipódromo y la cafetería del Real Madrid. De aquí a la directiva con Ramón Mendoza sólo había un paso. Sus contactos con el Ayuntamiento de Madrid le valieron información privilegiada en recalificaciones urbanas. Su primera gran operación fue comprar un solar por 352 millones de pesetas y revenderlo el mismo día por 600. Este "milagro" siguió repitiéndose. En los años 90, compró un solar por 1.425 millones de pesetas y seis días después fue recalificado y su valor subió hasta los 4.000. levante-emvvalencia