M. DOMÍNGUEZ VALENCIA
"Mira, hoy le ha dado por hacer viento" decía con un regusto de fastidio el ganador del maratón de Valencia, Andrés Micó. Y un compañero tan inusual influyó para que la ciudad no escribiera con un trazo aún más importante su historia en el gran fondo mundial. El medio maratón disputado ayer catapulta al "cap i casal" como uno de los circuitos más importantes para lograr marca. Kiprono Mutay, un excelente corredor de maratones, acabó como una bala, superó al gran favorito, Wilson Kiprotich (tercera mejor marca de todos los tiempos) y se quedó a apenas 57 segundos del récord del mundo. "El recorrido me ha gustado mucho, pero hacía bastante viento" decía el keniano, a quien había que darle a entender que es algo poco habitual y que esta incomodidad frustró una marca aún mejor.
Mutay se incorpora a la élite mundial en el último segundo porque en la medianoche del sábado le llegaban las zapatillas. Su maleta se había extraviado en París y cuando ya tenía nuevas para correr (regla número uno del "runner": nunca estrenes en carrera unas zapatillas) se obró el milagro.
La carrera fue un festival africano, que para eso les pagan. Detrás llegaron los de casa, donde sobresalió Hassane Ahouchar, que está como un toro. El de Cárnicas Serrano ya no es el atleta que se apunta a todas las carreras para arañar unos euros. Ahora es un profesional que se dosifica y que su próximo reto será el maratón. El primer español de nacimiento fue Andrés Micó. La carrera femenina fue más flojita, con victoria de Beatrice Jepchuma.
Los "piruleros", desalojados
Y los otros grandes protagonistas fueron los más de cinco mil corredores que tomaron las calles. Una cifra extraordinaria, que mete de lleno a Valencia entre las mecas del gran fondo. Ayer ya se soñaba con seguir subiendo hasta alcanzar los 10.000 corredores en unos años.
La carrera fue muy seria y prueba de ello es que no se permitió ninguna alegría. Hubo atletas que intentaron saltarse las normas y correr sin haberse inscrito. Los hubo que fueron cazados al vuelo poco antes de la meta y sacados del recorrido sin contemplaciones.
No sorprendía la cara de alegría de los responsables de Correcaminos, que se anotaron un punto excepcional.