VICENT CHILET VALENCIA
El fútbol fue ingrato con el Valencia, anoche en Mestalla ante el Mallorca. El equipo de Unai Emery hizo todo lo necesario para sumar los tres puntos y hacer sentir esta tarde a Real Madrid y Barcelona el aliento de un equipo enrachado, con un punto de equilibrio idóneo entre firmeza defensiva y seducción atacante. Se acumularon infinidad de ocasiones, se armaron momentos de pura orfebrería futbolística. Una mezcla de estética y eficacia que ha estrechado más aún la comunión con la grada. El único lunar es que el Valencia no pudo, por auténtica mala suerte, aumentar su renta en el marcador, y un penalti infantil le tumbó todo su meritorio trabajo ante un Mallorca compacto pero inofensivo.
En el empate final también hubo influencia arbitral. Iturralde González, uno de esos colegiados que disfruta de su aureola mediática, que se empeña en formar parte de un espectáculo que pertañe sólo a los futbolistas, no vio dos claros penaltis en el área del Mallorca en la primera parte y encrespó a los aficionados arrebatando el protagonismo al juego con algunas conductas que rozaron la chulería. Por ejemplo, la imagen del final del partido es concluyente. En tiempo de descuento y con todo el estadio bramándole por un posible penalti a Zigic, Iturralde enseñó tarjeta al serbio por simulación y, no contento con la simple infracción, mantuvo erguido el brazo durante veinte segundos, alargándolo todo lo que podía, como queriendo sobrepasar los 202 centímetros del ariete, creciéndose con los decibelios en su contra. Ese alarde de histrionismo, tan innecesario, directamente sobraba.
El marcador podría haberse decantado del lado local desde los primeros minutos. El Valencia mostró la intensidad atacante de costumbre, con los laterales sumándose al festín habitual de Mata, Pablo, Silva y Villa, y desbordaba con facilidad a la defensa mallorquinista. Sobre todo por la banda derecha, donde Silva (antes de lesionarse) caía con frecuencia para asociarse con Bruno, Pablo y Villa. El Guaje, muy activo, pecó de gula en el que pudo ser el primer gol, bien anulado por Iturralde González, ya que quedó en fuera de juego al empujar la pelota sobre la misma línea de gol, cuando el tanto ya era seguro con el cabezazo de Silva.
Siguió insistiendo el Valencia, que continúa experimentando una gran mejoría en la ejecución de jugadas de estrategia, uno de los pocos lunares en ataque de los blanquinegros en este arranque de curso. El gol no llegó y, con el desafortunado lance de la lesión de rodilla de Silva, el partido entró en un trance de veinte minutos locos, en los que se perdió el orden. El Valencia protestó dos penaltis en una misma jugada y el Mallorca, que se ha ganado con merecimiento el apelativo de equipo revelación por sus grandes números en Son Moix, lanzó peligrosas contras que el centro del campo local no podía contener. El arranque de la segunda mitad fue un calco al inicio del partido, con la fundamental diferencia del acierto rematador. En otra acción de estrategia, Villa desvió providencialmente a gol un remate de Banega. El tanto hacía justicia a los méritos de cada uno y ponía el encuentro de cara. Mestalla aplaudía a rabiar.
El gol borró la combatividad del Mallorca, que en los siguientes minutos se quedó a merced de las triangulaciones blanquinegras. Cuando no era Aouate, era el poste el que repelió un disparo de Joaquín tras una espectacular acción combinada. En su recta final y con el público saboreando tres puntos de oro, llegó el justo penalti y el "show" de Iturralde.
Pero no hay motivos para la preocupación. El fútbol, anoche tan injusto, también es sabio, y deparará alegrías al Valencia si sigue apostando por este bello fútbol.