En su mejor partido de la temporada, el Madrid acabó perdiendo. Al equipo de Manuel Pellegrini no le da para todo. Si se pone a trabajar con orden y sentido para achicar el campo y consigue desactivar al Barça, pierde en llegada y remate, su gran arma hasta ahora. Y si hubiera lanzado sus habituales oleadas ofensivas, seguramente el rival le habría pillado al contragolpe. Este Madrid es un equipo todavía por hacer. A su entrenador, como al viejo Tim, la manta le da para taparse los pies o la cabeza, pero no ambos extremos.
Todo lo contrario le ocurre a l Barça. Su disposición sobre el campo le valió para capear al adversario. Sostenía Terry Venables que la táctica servía para sacar adelante esos partidos en los que los equipos no están inspirados. Pues eso fue lo que sucedió el domingo en el Camp Nou. El Barça tiró de oficio y ganó un partido sin necesidad de estar a su mejor nivel, ni saber jugar con uno menos, un handicap que otros equipos saben superar a la perfección: montan un 4-4-1 y a resistir sin mayores problemas. Ya lo dijo Helenio Herrera: se juega mejor con diez que con once. Parecerá una boutade, pero muchas veces es así. El que está en inferioridad numérica se repliega, cierra filas, y el rival, por mucho que tenga el balón, no encuentra caminos para penetrar. Así que el Madrid acabó sin puntos pero recuperó imagen. Falta le hacía a Pellegrini.
Tan espectacular como el partido resultaron también los arrumacos y carantoñas entre Florentino Pérez —con nuevo look— y Joan Laporta, tan proclives ambos a incendiar con polémicas sus enfrentamientos. Esta vez, a pesar de «lo del Estatut», no hubo «otro partido».