FERNANDO CASTÁN ESTAMBUL/EFE
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Los Campeonatos de Europa de Natación en piscina corta de Estambul han seguido la misma tónica que las competiciones anteriores, con un récord tras otro, ya sea mundial, continental o nacional. La Federación Internacional de Natación (FINA), tras un largo y confuso debate que ha durado un año, estableció el pasado verano en sus reuniones en Roma, donde se disputaron los Mundiales de Natación, que a partir de 2010 todos los bañadores de competición deben estar elaborados con material textil.
La nueva reglamentación no sólo acota los materiales plásticos, que dan mayor flotabilidad a los nadadores, sino también recorta las medidas y el grosor de las prendas. En los hombres no podrán ir más abajo de las rodillas ni subir por encima de la cintura y en las mujeres se recupera una forma más tradicional: abierta por la espalda y hasta las rodillas. En ningún caso podrán cubrir los brazos.
Además, los dirigentes internacionales han dejado claro que esta decisión no tiene vuelta atrás, igual que no la tiene la de mantener vigentes los récords aunque los mismos permanezcan en la tabla de mejores marcas una década o tampoco hacer una doble tabla con los conseguidos antes de 2008 y los logrados los dos últimos años.
La aparición en 2008 de prendas de competición elaboradas con derivados de los polímeros dio pie a una sucesión de récords mundiales desconocida hasta ahora en la natación moderna. En la capital italiana se batieron 43 mejores marcas mundiales y en los dos últimos años alrededor de 200. En Estambul el pasado fin de semana cayeron catorce del mundo y trece de Europa.
A finales de 2009 ya nadie discute que los bañadores de "plástico" han influido en que haya caído un récord tras otro. Sólo dos mejores marcas, las de los 1.500 masculino y femenino, son anteriores a 2008 en la tabla de la FINA. El australiano Grant Hackett mantiene su mejor crono en 14:34.56 desde los Mundiales de 2001 de Fukuoka, en Japón, y la estadounidense Kate Ziegler con 15:42.54 desde 2007 en Mission Viejo, en los Estados Unidos.
Los nadadores han sido claros. O, al menos, han sido claros desde Roma 2009 y la mayoría se ha declarado en contra de las prendas de nueva generación, sobre todo del Jaked, un bañador que apareció a principios de año, fabricado en Italia y cuya superficie era completamente impermeable.
Las prendas de última generación no ayudan igual a unos y a otros ni influyen igual en unos estilos. No todos los cuerpos tienen la misma flotabilidad y es imposible saber en qué medida ayudan porque las pruebas son muy caras, la forma de los nadadores varía a lo largo del año, no te ayuda igual en enero que en agosto, en altura o al nivel del mar, y lo que le ocurre a un maniquí en un experimento no es extensible a una persona.
Rafael Escalas, uno de los mejores fondistas de la historia de la natación española, responsable de la homologación de bañadores en Roma y hoy socio de una empresa de bañadores de uso no competitivo, fue muy claro cuando se le preguntó en la capital italiana al respecto: "Lo mejor que se puede hacer es cortar: tela, hilo y un telar. No hilo, un telar y luego poner un plástico".