VICENT CHILET
En su meteórica ascensión futbolística, Pedro Rodríguez (Tenerife, 1987) lleva camino de hacer historia. El jugador del Barcelona, en su segunda temporada en el primer equipo, se ha convertido en el primer futbolista del mundo en marcar al menos un gol en todas las competiciones posibles de equipos en la misma temporada, después de anotar ayer en el Mundial de Clubes ante el Atlante y haberlo hecho con anterioridad en la Liga, la Copa del Rey, la Liga de Campeones y en las dos Supercopas, tanto la de España como la de Europa. En ésta última competición su gol fue crucial, ya que llegó en la prórroga, contra un Shakhtar Donetsk que se había amurallado en defensa y en una final que parecía agonizar inevitablemente en la lotería de la tanda de penaltis.
El extremo barcelonista revisa los tópicos acuñados históricamente a la cantera canaria de futbolistas. Jugadores de exquisita calidad técnica, pero excesivamente fríos mentalmente, con una limitada capacidad competitiva y una frágil resistencia física. El paradigma de esa clase de jugador, más efectista que efectivo, sería el deportivista Juan Carlos Valerón, un talento extraordinario reducido por las lesiones y su carácter tímido, y que antes ya padecieran futbolistas que, como Robaina o Guayre, no pasaron de promesas.
Pedro se desmarca de esa tendencia, siguiendo la senda marcada por el valencianista David Silva, que también ha demostrado, además de clase, capacidad de sacrificio en el terreno de juego, dotes de liderazgo y acierto rematador. Silva forjó su carácter competitivo con dos cesiones: se agigantó en el barro del campo de Ipurúa y casi lleva a Primera al Éibar. Un año después, por sus botas pasó el fútbol del último Celta de Vigo que se clasificó para competiciones europeas. Con esa experiencia, su eclosión internacional en el Valencia fue más sencilla. Pedro destaca como extremo por su velocidad, regate, verticalidad y puntería. Pep Guardiola, su gran valedor y con quien coincidió en el filial azulgrana en los campos de tierra de la tercera división, lo utiliza indistintamente por la derecha y por la izquierda. El Barcelona no tendrá que recurrir al talonario para buscar, a corto plazo, el sustituto de Thierry Henry. Pedro ha demostrado con creces que está a la altura y se ha ganado el favor del exigente público del Camp Nou.
Pedro desembarcó en la Masía con 17 años, procedente del San Isidro tinerfeño. Cuentan que desde entonces añora el potaje de su madre, empleada en la hostelería y que se quedó en Tenerife junto a su padre, obrero de profesión. El desarraigo no impidió que su progresión siguiera el curso esperado y dio el salto de tercera división a la "liga de las estrellas" sin necesidad de aclimatación. Pedrito fue el nombre de guerra elegido. No le molestaba: "Siempre me han llamado Pedrito porque soy bajito", aseguraba con naturalidad a los periodistas cuando comenzaba a prodigarse en las primeras convocatorias del Barça.
Su triunfo es el éxito del modelo futbolístico del FC Barcelona, uno de los pocos clubes de primer orden mundial -se podría añadir, en un segundo escalón competitivo, al Arsenal- que combinan los grandes fichajes (Deco, Ronaldinho, Henry, Alves, Ibrahimovic...) con dar la alternativa a jugadores de la cantera, caso de Valdés, Puyol, Piqué -fichado del Manchester United pero formado en la Masia- Xavi, Iniesta, Messi, Busquets, Bojan o Jeffrén. Un modelo idóneo entre cartera y cantera.
El techo de Pedro no lo conoce nadie. Con más de media competición por delante, no sería de extrañar que su nombre apareciera en las quinielas de cara al Mundial de Sudáfrica, pese al alto nivel ofensivo de la selección española, que juega casi de memoria. Cuando ya pintaba para estrella, el departamento de mercadotecnia del club le planteó la conveniencia de cambiar el nombre de Pedrito que llevaba serigrafiado en la espalda por el de Pedro, por razones comerciales, como pasó en su día con el valencianista Vicentín. Si sigue jugando así, pronto habrá que llamarle don Pedro.