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HEMEROTECA » |
La gente del famoseo, desde la aristocracia a los bajos fondos, de las petardas paletas a los pijos guapos, proporciona abundante carnaza informativa a los medios de comunicación, famélicos y ávidos de engordar al consumidor con cualquier pedazo de magro, aunque sea rancio. Por ahí anda esa librepensadora llamada Belén Esteban enseñando a quien se la quiera comprar, la imagen de la última saja que le produjo el bisturí en la arruga más recóndita de su castigado cuerpo. No conozco ningún medio que haya renunciado a mostrar su rostro, o a difundir sus profundas reflexiones.
No suele ocurrir eso con las estrellas del fútbol. De ellas, no interesa tanto su vida privada como su rendimiento sobre el campo. Si éste es óptimo, nadie osará echarles nada en cara. Si, por el contario, las prestaciones decaen, los reproches, las insinuaciones y las medias verdades, saldrán a relucir.
Es lo que le ha ocurrido al valencianista Miguel Brito, que acostumbra a protagonizar lances nocturnos de diversa índole, con desigual resultado. Cuando era titular indiscutible, sus peripecias de madrugada no eran objeto de crítica. Ahora que anda renqueante, desabrido y desenchufado, su vida privada volverá a ser puesta en la picota, a no tardar, por los inquisidores moralistas, que olvidan con frecuencia la recomendación bíblica: «Si tu ojo te escandaliza, arráncatelo».
Recordemos, una vez más, el viejo cuento argentino del canario. Un padre viaja desde el interior hasta Buenos Aires donde adquiere un entonado canario para su hijo. Éste, recibe el regalo con entusiasmo, pero, al poco, vuelve compungido: «El canario está cojo», exclama. «Pero ¿canta?», le replica el padre. «Sí, cantar sí canta...». «Pues entonces...», zanja la cuestión el progenitor.
El problema de Miguel es que de un tiempo a esta parte ha perdido la voz y ya no entona como solía por la banda de Mestalla. La reacción ha llegado a la primera tropelia que ha protagonizado. Publicitada y propagada la hazaña de manera exagerada, la reacción consiguiente, en forma de moralina, no se hará esperar. La vida privada de un futbolista es patrimonio personal y sólo es lícito convertirla en material mediático si el interesado mercadea con ella, que no es este el caso. Pero sí puede ser enjuiciable si, al vulnerar las normas impuestas por el régimen de disciplina del club, tal incumplimiento repercute en el rendimiento del jugador, cosa que sí parece que está sucediendo con Miguel. A él, como profesional que se está jugando su participación en el próximo Mundial, debería interesarle enmendar esa situación. El entrenador, por la parte que le toca, tiene que tratar de recuperarle y reclutarle para la causa. Y el club, que le paga, no puede perderse en la retórica efectista y ha de intentar rentabilizar la inversión que hizo. No cabe otra.
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