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El atentado sufrido por la selección de Togo en la Copa de África de Fútbol, ha vuelto a traer al primer plano la seguridad en los Eventos deportivos. Fue perpetrado por un grupo separatista de la región de Cabinda, que pertenece a Angola, pero está enclavada en el Congo y separada, prácticamente del resto del país. Allí se celebra uno de los grupos de la fase previa del campeonato.
Los incidentes de todo tipo en los eventos deportivos es algo que ocurre con alguna frecuencia, debido a la importante presencia que tienen en los medios de comunicación y al seguimiento de millones de personas. El impacto propagandístico es de tal magnitud que lleva a muchos grupos políticos o colectivos sociales a intentar interferir en los mismos para que actúen como altavoces de sus reivindicaciones, ya sean territoriales, políticas, sociales, religiosas o de otro tipo.
El caso más grave sucedió hace ya muchos años y cambió para siempre el concepto de la seguridad de los eventos. Durante los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972, el grupo palestino «Septiembre Negro» asaltó la Villa Olímpica y secuestró a deportistas israelitas. Su pretensión era, además de llamar la atención del mundo sobre su situación, que Israel liberará a presos palestinos de la cárcel. Gobernaba Israel en aquel momento Golda Meir, y no transigió. Aparentemente se había llegado a un acuerdo para que los asaltantes se marcharan en un avión rumbo a Egipto, con el compromiso de liberar a los rehenes en el aeropuerto, pero ahí se produjo la masacre y murieron todos: secuestrados y secuestradores.
Nunca ha acabado de esclarecerse si fue la policía alemana la que disparó primero o si lo hizo ante la amenaza de que el comando palestino matara a los israelitas.
Los Juegos continuaron. Sólo se retrasaron un día en señal de duelo, con una ceremonia en el Estadio Olímpico, y se ajustaron los horarios, pero no se suspendieron. Siempre se ha considerado que eso sería tremendo para el futuro porque sería plegarse a las acciones de los «terroristas» y darles alas para actuaciones posteriores, así que nunca se suelen suspender las competiciones, como tampoco ha sucedido en la Copa de África, con la única ausencia de Togo, por imposición del Gobierno de su país, puesto que los jugadores querían participar, como homenaje a sus compañeros muertos y heridos.
Los cambios en la seguridad después de Múnich 72, afectaron a toda la organización. Las Villas de deportistas se convirtieron en auténticos «fortines», con paredes o vallas altas, electrificados o con pinchos en la parte superior, con multitud de cámaras de control, escaners y arcos de detección en las entradas de esa Villa y en los estadios, con sistemas sofisticados de acreditaciones que provocaban largos tiempos de espera (4 horas en el Aeropuerto de Atlanta, por ejemplo, para que nos acreditaran para los Juegos de 1996) y las fuerzas de seguridad por todas partes.
El tema es tan importante que la «famosa» pregunta del Príncipe Alberto de Mónaco durante la presentación de la candidatura de Madrid 2012 en Singapur en 2005, sobre el atentado ocurrido unos días antes en el parking del estadio de La Peineta (sólo provocó pequeños daños materiales), le hizo mucho daño y desde entonces, casi ni le hablamos.
Por eso sorprende mucho lo ocurrido en Angola y ha disparado el miedo en el propio campeonato y alcanza al próximo mundial de Sudáfrica. Y sorprende, porque lo ocurrido no se producía desde 1972. Ha habido peleas entre espectadores, ataques de espectadores a árbitros y jugadores ante la frustración de una derrota, colocación de bombas u otro tipo de artefactos en instalaciones, etc.
Pero atacar directamente a una selección matando a algunos de sus componentes hace 38 años que no pasaba. Además, denota graves fallos de seguridad y cuestiones incomprensibles, como que la selección de Togo se desplace en autobús a su sede del campeonato. Hoy día, los desplazamientos en autobús a las sedes de competición desde los hoteles o las villas de deportistas, es uno de los aspectos más vulnerables de la organización de las competiciones, porque las instalaciones suelen estar «chequeadas» con antelación y en las puertas hay controles de seguridad y registros. Por eso, hace tiempo que los autobuses suelen pasar por controles de seguridad antes y durante el evento, y en cada uno de ellos va un policía o suelen llevar delante un vehículo policial. Aparte de ello, se estudian rutas alternativas para evitar que la reiteración de los desplazamientos permita actuar a algunos grupos.
No se entiende tampoco que se haya incluido una sede en la región de Cabinda, con lo que ello podría implicar, pero si se hace (por cuestiones políticas es obvio) hay que poner los medios necesarios para que no ocurra ningún percance. Después de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de setiembre de 2001, Atenas 2004 triplicó los gastos de seguridad, con el consiguiente déficit presupuestario. No había más remedio.
La consecuencia más directa del atentado de la Copa de África es que el Comité Organizador del próximo mundial de fútbol, va a tener que revisar todos sus planes de seguridad (la FIFA lo exigirá) y gastarse mucho más dinero.
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