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Vicent Chilet
valencia
Si el Valencia, por alguna extraña bondad del destino, hubiese ganado al Tenerife, habría firmado la mejor primera vuelta de un equipo visitante en la historia de la Liga. El encuentro de ayer, sin embargo, fue el menos propicio para ostentar esa condición. La figura de César, providencial, evitó males peores a un Valencia irregular en muchas fases del encuentro. El veterano guardameta, fichado hace justo un año, se ha revelado como una gran incorporación. Está en la edad de oro de los Zoff, Shilton y Zubizarreta, y ha cubierto con autoridad el vacío que entre palos existía tras la retirada de Cañizares. El Valencia le debe el punto conquistado a sus paradas. Un ejemplo del relax valencianista es que el Tenerife, un recién ascendido en posiciones de descenso, acabó el partido con una sola tarjeta. El Valencia, con dos. El equipo de Oltra, a base de orgullo y voluntad, fue superior y mereció más ante un Valencia que sólo mostró, en ráfagas muy espaciadas, el potencial que reúne en ataque. La conformista imagen de ayer no empaña las conclusiones generales de una primera vuelta notable, en la que los blanquinegros han cumplido, con mucha solvencia, el objetivo mínimo de estar en posiciones de Liga de Campeones.
Estaba avisado el Valencia. Se sabía que el Tenerife, pese a su mala situación clasificatoria, es un equipo peligroso en su estadio, sobre todo en los primeros minutos, en los que sale en tromba. Así lo comprobó hace dos semanas el Barça. Y así lo padeció un Valencia dormido, que jugó la primera mitad sin la intensidad y coraje necesarios, pensando que en alguna contra su arsenal atacante bastaría para aplacar la furia chicharrera. La realidad fue distinta. César, con molestias en el codo, se erigió en el salvador de un Valencia con los brazos caídos. A los dos minutos de juego, se marcó una palomita con la que desbarató, sobre la misma línea de gol, un cabezazo. Minutos después, en pleno vendaval, Alfaro ganó por velocidad a su marcador y se plantó solo ante César, que aguantó bien en la salida y desvió providencialmente a córner.
El Tenerife de Oltra desbordaba al Valencia en todas las líneas. El centro del campo blanquinegro no daba ni para contener ni para crear, y Nino, Alfaro y Juanlu -que amargó la tarde a Bruno- entraban como flechas. El Valencia lo pasó especialmente mal en los balones aéreos. Durante la primera mitad el Tenerife se los ganó todos. La peligrosidad de los locales fue descendiendo en intensidad con el paso de los minutos, pero el Valencia tampoco daba un paso hacia adelante para adueñarse del dominio de la pelota. Silva y Mata bajaron al centro del campo para ayudar en la creación a un Banega desaparecido.
El Valencia sólo mostró sus dientes en acciones aisladas, con sendos disparos de Silva y Pablo, a los que respondió con seguridad Aragoneses. Un lamentable bagaje para los pupilos de Emery, que como de costumbre -y ayer, quizá, con más motivo- se desgañitaba nerviosamente desde la banda para intentar arengar el orgullo de su equipo. Los valencianistas reclamaron, por otra parte, un posible penalti a Mata, que fue derribado cuando Pablo iba a devolverle una pared.
En el planteamiento más optimista, en la segunda mitad cabría imaginar que el Tenerife debería acusar el derroche físico efectuado en la presión durante el primer acto y el Valencia evidenciaría, por fin, su teórica superioridad. De hecho, el partido se equilibró. El Tenerife no mordía con tanta agresividad en la primera línea de presión y se replegó en búsqueda de contragolpes. En uno de ellos Alfaro volvió a probar los reflejos de César, que en cada parada seguía quejándose de sus molestias en el codo. Aun estando gris, la grandeza de este Valencia reside en que con un par de pinceladas en ataque puede decantar cualquier partido. El gol visitante pudo llegar en una buena combinación en la que Silva, el mejor de los valencianistas junto a César, quiso regalar el tanto a Villa en vez de remachar al primer palo.
Un desenlace roto
Con los dos mediocentros con tarjeta, Emery volvió a repetir la sustitución que le valió la bronca de Mestalla al retirar a Banega. Además, por segundo partido consecutivo, dejó sin minutos al Chori Domínguez. El encuentro se partió en dos y de nuevo fue el Tenerife quien contó con las mejores opciones, topándose de nuevo con un César gigante.
Sólo en los últimos minutos el Tenerife pareció contentarse con el empate. Una renta con la que no contaba a priori, que se le quedó corta durante el partido, pero que no dejaba de ser un apreciable botín ante un rival de la talla del Valencia. En esos últimos instantes, y a balón parado, los valencianistas se aproximaron a los dominios de Aragoneses, que interceptó un cabezazo de David Navarro que, de llegar a ser gol, hubiera sido un injusto epílogo a un partido del que nadie se acordará dentro de poco tiempo.
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