ÁLEX SERRANO VALENCIA
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Hay partidos con nombre propio, partidos en los que el resultado no se puede separar de un jugador. Si ante el Barça el nombre fue Rafa Martínez, ayer fue el francés Nando De Colo el protagonista de la victoria del Power Electronics (87-67) ante el CB Granada. El encuentro del ex de Cholet huele a MVP: 29 puntos, 3 rebotes, 5 asistencias y 37 de valoración. Ayer era "le jour" de De Colo y nada podía fastidiárselo.
Nando quería ayer darle una velocidad más al partido. Sabía que si obligaba a transiciones rápidas, el CB Granada lo tenía más complicado. Lo consiguió pronto. El timón del francés llevaba el encuentro hacia aguas bravas y sacaba al Power de puerto con facilidad. Ello, unido a los movimientos bajo aros de un Perovic inspirado y un Lishchuk que está cada vez más cerca de su mejor nivel permitieron que el Power se distanciara en el marcador. Y eso que el acierto desde más allá de 6,25 no era el de todos los días. Pero ahí estaba De Colo. Cuando este chico tiene un buen día el aro se le hace enorme. Y ayer estaba en todas partes.
El partido, como era obvio, se ralentizó con Marinovic y Simeón en pista. De hecho, Spahija decidió darle minutos de descanso a Rafa Martínez y el Power jugó con los dos bases buena parte del primer cuarto -era el de Silla el que ocupaba el puesto de "uno", mientras que el serbio hacía las veces de escolta-. Y contra la tranquilidad, el Granada decidió pisar el acelerador. Los árbitros cargaron de faltas a un José Simeón que se quedaba con cara de póker cuando rodaba por el suelo y el trío le señalaba. Visto que el Granada revivía y se acercaba en el marcador en la mitad del segundo periodo, Spahija optó por devolver a pista a Rafa Martínez y Nando De Colo. Una silla del banquillo pagó la frustración del técnico croata después de que el ex de Cholet fallara una bandeja sencilla -casi su único error- y Martínez tuviera que hacer una personal para evitar el contraatque rápido del Cebé.
Pero era el partido de Nando De Colo y el francés no estaba dispuesto a que nadie le quitara protagonismo. En los dos últimos cuartos le salía todo: lanzamiento exterior, de media distancia, rebotes, palmeos... como uno de esos practicantes de "parkour" originarios de su país, De Colo era un vendaval imparable para la defensa granadina. Cuando la ventaja era de 19 puntos, Spahija lo sentó y la grada lo despidió como se merecía, de pie y con gritos de "Nando, Nando, Nando, abusón". Su partido huele a MVP, cierto, pero el trabajo de todo el equipo fue el colchón sobre el que se apoyó para conseguirlo. Una defensa seria, un Thomas Kelati muy acertado y la lucha en la pintura de Kosta Perovic y Serhiy Lishchuk auparon al francés a la torre Eiffel de la liga ACB.