ÁLEX SERRANO VALENCIA
?
Ayudar a los afectados por una tragedia como el terremoto de Haití, y hacerlo degustando, a la vez, una paella preparada por la Cofradía Internacional del Arroz de la Comunidad Valenciana es un buen plan para un domingo. Eso es lo que pensaron las 3.200 personas que durante la mañana de ayer esperaron en la dársena interior del puerto de Valencia a que las dos paellas gigantes estuvieran listas. Los comensales, muchos ancianos y familias con niños pequeños, contribuyeron así a la reconstrucción del país caribeño. La recaudación, 16.000 euros, según Ximo Sáez, el presidente de la Cofradía, irá destinada a esa labor.
Durante toda la mañana, la cantidad de gente que se agolpaba en unas gradas de madera montadas cerca de los paelleros para ver "in situ" la preparación no dejaba de aumentar. Únicamente durante la presentación e inauguración de la Copa en sí se vaciaron, pero la "marabunta" acudió instantes después del final de la ceremonia. Después de la mascletà de Ricardo Caballer ya había oficialmente hambre. Es el "efecto Fallas": la comida no sabe igual sin el olor a pólvora metido en la nariz.
Sí, también se podía degustar comida típica de Suiza y Estados Unidos, en honor a los dos equipos que se batirán a partir de hoy en el campo de regatas, pero la mayoría de la gente no quería raclette o hamburguesas. No importaron las colas en torno a los paelleros, ni el hecho de que, como era de esperar, la preparación del plato típico valenciano llevara más tiempo que la de las otras especialidades. Una señora que había acudido con unas amigas a "ayudar", como ella decía, reía a mandíbula batiente mientras se encogía de hombros: "Qué le vamos a hacer, lo bueno lleva su tiempo".
Y sí, llevó tiempo, porque las paellas que se ofrecieron ayer en el puerto no son como las que se hacen todos los domingos en Valencia. Al menos, no como la mayoría de ellas. En esas no hay 200 kilos de pollo, conejo y pato, 150 de verduras, 40 de tomate, 30 litros de aceite, 220 kilos de arroz, 400 litros de agua, un kilo de pimentón dulce, medio de azafrán y 12 de caracoles.
Incluso muchos turistas extranjeros que rondaban ayer el puerto se decidieron por el plato valenciano más internacional. Una familia inglesa engullía paella con entusiasmo. Incluso los niños pequeños, que antes habían pedido a gritos hamburguesas, disfrutaban jugando con los granos de arroz. "Ellos querían lo de siempre -explicaba el padre-, pero les hemos convencido y ahora están encantados". Entre aquellos que llevan años comiéndola, sin embargo, no faltaban los que le habrían echado "más azafrán" o la habrían dejado "más tiempo al fuego".
Un acto de inauguración muy frío
Quién sabe si por las prisas, lo cierto es que el acto de inauguración de la 33 Copa del América quedó frío. Sobre un gran escenario con una réplica de los Alpes y que escondía el trofeo de la Jarra de las Cien Guineas, salieron a escena representantes de ambos equipos y de los dos clubes contrincantes, Golden Gate Yatch Club con BMW-Oracle y Sociedad Náutica de Ginebra con Alinghi. El director de la regata, Harold Bennett, lanzó la moneda que decidía la suerte de ambos equipos en la regata, con el BMW-Oracle con el color amarillo y salida por el lado de estribor del comité de la regata y el Alinghi, con el color azul, por el lado contrario. Un espectáculo de capoeira animó la inauguración, que contó con sendas proyecciones de ambos equipos, la construcción de sus barcos y momentos de navegación. El acto terminó con la mascletà a cargo de Ricardo Caballer. á. s. valencia