J. M. BORT VALENCIA
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En uno de los días en los que más debio sentirse juzgado por la grada desde su llegada al Valencia, Fernandes cogió el pico y la pala sin ninguna congoja y disfrutó por un día de su condición de defensa central. Emery optó por la combinación más esperada durante la semana para formar el andamiaje: situó al portugués junto a Dealbert, una pareja inédita hasta que la semana anterior tuvo que juntarlos los últimos minutos en el Camp Nou. Con la diferencia de que entonces fue una improvisación obligada, mientras que ayer tenía al canterano Carles disponible, otro mediocentro, pero de características más defensivas.
En su estreno como defensa titular, Fernandes no deberá olvidar nunca la ayuda que le brindó Dealbert, que ayer se dio un respiro ante una delantera, la del Almería, más blanda de las que se ha encontrado en las últimas semanas. Primero con Goitom y después con Uche, el castellonense se encargó del marcaje al hombre tal como se ha entendido siempre y descargó de ese trabajo a Fernandes, que por momentos jugó como un antiguo líbero. Es lógico; es un mediocentro de vocación ofensiva, lejos del perfil del 6 de toda la vida que representa Albelda. Sin espacios, los delanteros suelen terminar odiando a este tipo de "centrales", tan rápidos en el corte como acertados en la conexión con sus compañeros. Banega y Baraja, los siguientes ayer en la la cadena, agradecieron el experimento. Es como si hubiesen jugado acompañados todo el partido por una sombra.
Con Fernandes en el campo, el Valencia corrió ayer un riesgo en el trabajo de contención. Pero ganó un culturista en el cruce. Mediado el primer tiempo, levantó la espuela para cortar el último pase al delantero, bajar la pelota y darle salida por la banda. El portugués repitió el movimiento durante todo el partido, transmitiendo cada vez más la sensación de sentirse muy cómodo. Su principal virtud la fabricó en su cabeza: pocas veces se le había visto tan concentrado todo el partido. Hasta la tarjeta amarilla que recibió, por parar la carrera de Piatti en el primer tiempo, está bien argumentada. Lo hizo en el sitio justo, en el momento justo. Ya no le hizo falta frenar ilegalmente a un rival en toda la noche. Con ventaja, en el segundo tiempo, se lo pasó en grande cortando y administrado la pelota.