VICENT CHILET VALENCIA
El Valencia, práctico y sin alardes, con el mínimo esfuerzo, se reafirma en la tercera plaza fortaleciéndose en sus compromisos como local, donde rectifica sus pifias a domicilio. Anoche derrotó por la mínima, y de penalti, a un Deportivo que pese a sus limitaciones, asustó en la segunda mitad en algunas contras después de que el equipo blanquinegro no remachara la faena. Los tres puntos pueden aumentar su valor si hoy Sevilla y Mallorca, rivales directos por la Liga de Campeones, pinchan en sus encuentros. En una velada tediosa, la afición agradeció la mejoría de Vicente, que continúa su recuperación, volviendo poco a poco a convertirse en el gran extremo que nunca dejó der ser.
Lotina armó un férreo dispositivo defensivo que atascó el encuentro, después de unos primeros minutos animosos del Valencia. Los locales avisaban desde el inicio de que iban a explotar el potencial de las bandas, con una clara vocación ofensiva. Pablo y Jordi Alba, extremos reconvertidos a laterales, siempre ofrecían una posibilidad de desdoblamiento a Joaquín y a un Vicente muy inspirado. El de Benicalap, que lució el brazalete en presencia de Villa, ha recuperado la alegría con sus últimas buenas actuaciones y se atreve con todo. Las buenas intenciones, no obstante, no se traducían en ocasiones claras. Salvo en un remate desviado de Villa a los tres minutos, en un rechace muerto dentro del área, y una contra impulsada por Silva, el Deportivo había sumido el partido en el ritmo lento que más le interesaba. El conjunto gallego, lastrado por las lesiones, ha perdido la fuerza con la que sorprendió en la primera vuelta (y con la que eliminó por sorpresa al Valencia en la Copa), pero conserva su destacado oficio defensivo.
El partido sólo se podía desbloquear con una acción aislada como la del penalti por manos de Zé Castro después del primer córner que el Valencia botó largo. Villa, un maestro en ese arte, amagó con disparar fuerte y engañó a Aranzubía. El Guaje lo celebró dibujando con las manos una «T», al parecer una dedicatoria pactada para algún conocido de Tuilla, su localidad natal.
La primera mitad acabó con un episodio accidentado, al decretar Fernández Borbalán el final cuando todavía faltaban veinte segundos para llegar al minuto 45. El colegiado cayó en la cuenta, rectificó y prolongó dos minutos más el primer acto cuando se enfilaban hacia la caseta todos los protagonistas, incluido Piscu. El central deportivista, en el improvisado tiempo añadido, se rompió la clavícula al caerle encima Villa.
La segunda mitad arrancó como la primera, con una clara oportunidad de Villa, cuyo disparo blocó Aranzubía, muy nervioso en las salidas. El partido, como era previsible, se abrió mucho más. El Deportivo arriesgó, pero con poca convicción y menos fuerza, y el Valencia encontró más espacios para sorprender al espacio. Vicente, que quiere recuperar el terreno perdido con seis años gafados del lesiones, continuó siendo su mejor argumento. Pronto se sumó Baraja, sustituto de Albelda. El pucelano también es otro ilustre que está de regreso, recordando algunas de sus mejores noches. Pipo probó a Aranzubía con dos disparos desde media distancia, su especialidad.
El Valencia perdonaba la sentencia y la aparente seguridad en el marcador tembló en un chut de Pablo Álvarez que rozó el larguero, y en otro chut de Adrián que le robó la cartera a Fernandes. Un murmullo de inquietud invadió Mestalla desde ese susto al final del encuentro, y sólo se vería interrumpido por las ovaciones a Mista, otro héroe del doblete de 2004, a Baraja después de su postrera expulsión (se cegó en una protesta), y a Vicente, protagonista indiscutible de una noche muy discreta.