ADELA MÁRQUEZ
A las 20.30 horas de ayer las calles de Valencia se quedaron desiertas. Solo se veían los colores de las banderas españolas que adornan los balcones y edificios. La gente se agolpaba en el interior y en la puerta de los bares, esperando con entusiasmo la victoria de España contra Alemania.
La pantalla gigante que se colocó en el Nuevo Centro para seguir la semifinal del mundial congregó a una gran cantidad de aficionados que cubrían la plaza de color rojo. No faltaron las camisetas y las banderas como muestra de apoyo y ánimo a la selección española. Un sentimiento generalizado de esperanza y de Fe en La Roja se extendía por todo el centro comercial. Los gritos de ánimo y los abucheos al árbitro fue lo único que se escuchó durante el partido.
Otro punto clave de la ciudad en el que se juntaron cientos de seguidores del mundial fue el emblemático bar de Manolo el del Bombo y sus alrededores. Conforme te acercabas al Mestalla las trompetas y los silbatos ambientaban las calles. La gente no cabía ni en los bares ni en las terrazas, por lo que la policía local tuvo que cortar la avenida de Suecia, que había sido ocupada por una marea de color rojo y amarillo. Accesorios de todo tipo, desde bufandas, camisetas o banderas, hasta gorros, sandalias, pendientes y pulseras, llenaban la entrada de las cervecerías. No faltaron las pinturas de las banderas españolas en los brazos, piernas y mejillas de los seguidores. Los gritos de «a por ellos», los insultos a los jugadores alemanes y las canciones típicas del mundial se escuchaban entre los estruendos de los tambores y las trompetas. No había nadie que no tuviera una cerveza o un tinto de verano en la mano y continuamente se brindaba por la deseada victoria. El entusiasmo y la esperanza en que los jugadores de Del Bosque nos llevaran a la final del mundial se hacía patente en las caras y los gestos de todos los seguidores que no apartaban los ojos de las pantallas. Los camareros no tenían suficientes manos para servir, pero la sonrisa no se les borraba de la cara mientras trabajaban.
El monumento dedicado a la afición valenciana que preside la plaza de la Afición fue tomado por una treintena de jóvenes que se agolparon en él para tener mejor vista de las pantallas que retransmitían el partido. Valencia apoyó hasta el final a la Roja. Cuando acabó el partido, cientos de aficionados corrieron a celebrarlo a la plaza del Ayuntamiento.