MOISÉS DOMÍNGUEZ VALENCIA
Ana Carrascosa es extrovertida, simpática por definición y una más cuando circula con la moto por la ciudad. Laura Gómez se deja ver con sus gafitas de estudiante más propias de quien parece no haber roto un plato y, que encima, en clase hay dos que me tienen manía. Pero cuando se ponen el judogi, en la transformación les sale en la cara una pinta de mala uva con la que parece que arrancarían la cabeza a sus progenitoras de una leche y después, sin rubor, preguntarían qué hay hoy para comer.
Son dos de las mejores judokas de España, las dos son valencianas, las dos partieron ayer hacia Japón para disputar el Mundial y las dos competirán en la misma categoría. Las dos han dilapidado el verano y han cuidado la báscula para llegar a los 52 kilos de todo fibra, músculo y nervio prestas a liarse a tortas con las rivales que se les presenten.
Hay que remontarse mucho tiempo para encontrar una pelea al más alto nivel mundial de dos deportistas individuales valencianos. Si se quiere, recordaríamos el motociclismo, un poco lo de Niurka Montalvo (si le entrecomillamos el valenciano) y Concha Montaner... y poco más. En Japón se darán cita dos competidoras con mayúsculas, que pueden optar a todo.
Ana (30 años) es la veterana, la número 3 del mundo, la que tiene experiencia y el mejor palmarés: defiende la medalla de bronce del año pasado. Laura, número 6 de las listas ya no es una joven promesa, (26 años) y viene apretando que es un primor. La primera es del club Judokan y la otra, del Terra i Mar, dos filosofías de club diferentes. Ana es técnica y con recursos de todos los colores. Laura tira para adelante sin descanso durante los combates.
Tan cerca y tan lejos. Salvo que haya cambios de última hora, sólo una de ellas podrá representar a España en los Juegos. Una a Londres y otra a la televisión. Cada llave de cada torneo que disputan cuenta para las listas mundiales y para la toma de decisión.
Muchos, demasiados antagonismos. No son amigas. Aunque, eso sí, en las entrevistas saldan las alusiones a la contraria con elegante diplomacia, que no es poco. Pero, por ejemplo, en la concentración de la selección no entrenan juntas.
Y es que parece hecho que ni adrede. Para una vez que se enfrentaron, meses atrás, ganó Ana por descalificación pero, en el fragor del combate, Laura le dio una sepia que la ha dejado cojeando durante varios meses. Son las cosas de la competición.
Ambas llegan cargadas de fuerza. Falta les hará porque, durante la noche del sábado al domingo próximo disputarán todos sus combates. Una categoría de judo se celebra íntegramente en una jornada, con lo que es necesario pegar mucho y que no te peguen.
Por mucha rivalidad que haya, la lógica (y sólo la lógica, que no es poco) del Mundial dice que pueden llegar muy lejos, incluyendo el podio, aunque para el cajón más algo llegue la japo Misato Nakamura y ponga en fila mirando a Logroño a Gómez, a Carrascosa, a Kuzyutina, a Nishida, a He, a Tarangul y a todas las que se le pongan por delante. Para eso lleva dos años sin perder.
Por cierto, ninguna de ellas arrancaría la cabeza a sus progenitoras. En un deporte al que no se le da mucha bola, son mamá Ana y mamá Gloria las que se preocupan por llamar a las redacciones para contar las proezas que protagonizan, día sí, día también, sus niñas bonitas.
Sugoi defiende el subcampeonato
y el título europeo
Más allá del apasionante duelo entre las chicas, el Mundial de Japón tendrá otra cita para el judo valenciano de la mano de Sugoi Uriarte. Con ese nombre y ese apellido está claro que no es del barrio de la Fonteta, pero ahí es donde pasa horas y horas. El vitoriano, también del Terra i Mar y, para más almíbar, novio de Laura Gómez, no duda en proclamar su valencianía, en reconocimiento al lugar que le ha acogido, que le ha alimentado y donde ha echado sus raíces. Cada vez le está cogiendo más gusto a la alta competición y aunque llega como número 5 en la categoría de -66, también lo hace como vigente subcampeón mundial y campeón europeo.