Me cuenta un amigo que la BBC ha comenzado a difundir grabaciones de murmullos y de ruidos de conversacionesdestinadas a las oficinas de las grandes empresas, en las que los empleados se quejan del inquietante silencio que reina en ellas. No sé? si hoy las oficinas de las grandes empresas será?n como la inmensa oficina en la que trabajaba C. C. Baxter (Jack Lemon) en El apartamento, tan a?rida e impersonal que un murmullo o una conversacio?n seri?a, en efecto, como un soplo de aire fresco, pero si? se? que un C. C. Baxter de nuestros di?as que trabaje en el piso 19, departamento de po?lizas comunes, divisio?n de contabilidad de primas, seccio?n W, mesa nu?mero 861 agradeceri?a ma?s la difusio?n de un partido de fu?tbol que de un murmullo. ¿Qué? les parece la idea? Fu?tbol en la oficina. Fu?tbol en el piso 19. Fu?tbol en la divisio?n de contabilidad de primas. Pero, ¿que? fu?tbol? ¿Un partido del Barc?a en la oficina? Imposible. C. C. Baxter caeri?a bajo el hechizo del juego de Xavi, Iniesta y compañ?i?a, y el ocupante de la mesa nu?mero 861 de la seccio?n W estari?a ma?s interesado en la filigrana azulgrana que en las po?lizas. La oficina es incompatible con la magia. ¿Y un partido del Madrid? Absurdo. Estar pendiente de un destello de Cristiano Ronaldo es veneno para la concentracio?n en el trabajo. ¿Un partido del At. de Madrid, entonces? Que? va. El Atle?tico un equipo tan imprevisible que conviene no perderlo de vista: el Kun puede salirse y Forla?n darse un atraco?n de goles, o bien los chicos de Quique pueden metamorfosearse en sombras que pululan por el campo embutidas en una camiseta a rayas rojas y blancas. Bueno, pues entonces un partido del He?rcules. ¿Y estar ma?s pendiente de los informes que de las alegres carreras de Drenthe y de la asombrosa capacidad de Trezeguet para sobrevivir a golpe de goles? Vale, pues el De?por. En el De?por juega Valero?n, y el rictus esce?ptico-pesimista de Lotina bien vale una hora de oficina. ¿El Valencia? Es un Atle?tico de Madrid con menos poesi?a. ¿El Athletic? Es poesi?a. ¿El Sevilla? So?lo dire? una palabra: Kanoute?. ¿El Sporting? La mareona y la rabiosa lucha de Barral en busca del gol perdido.
Demonios. ¿No hay un equipo de fu?tbol que haya nacido para acompan?ar a C. C. Baxter en su oficina en el piso 19, pero sin distraerle de sus tareas contables? Pues no. Pero hay una solucio?n. ¿Recuerdan que en la peli?cula Demolition man ambientada en el an?o 2032, las canciones favoritas de los habitantes de San A?ngeles con viejos «jingles» comerciales o infantiles del siglo XX? Como los sentimientos de odio o pasio?n esta?n tan prohibidos como el alcohol, la cafei?na, los deportes de contacto, los juguetes no educativos, la carne, el picante, los alimentos poco saludables, la sal de mesa y el tabaco, los ciudadanos disfrutan con espantosas y cortas melodi?as que, en su brutal inocencia, ni an?aden nada, ni quitan nada, ni dicen nada, ni significan nada de nada. Pues bien, en la oficina de C. C. Baxter podri?an emitirse viejos partidos entre amigos de Zidane y amigos de Ronaldo, o viejos partidos contra la droga, o viejos partidos homenaje a jugadores que hoy son comentaristas en canales de la TDT. Partidos de fu?tbol que, como los «jingles» de la peli?cula Demolition man, tienen la misio?n de estar ahi?, sonando pero sin hacer ruido, ocupando un espacio pero sin llenarlo. Fu?tbol de oficina, ideal para que C. C. Baxter se concentre en sus cuentas sin que termine volvie?ndose loco. Que? buena idea. Que? asco de idea, por favor. A la mierda el fu?tbol-jingle. El Barc?a en la oficina. Y la mesa nu?mero 861 se quedara? vaci?a porque C. C. Baxter era como Robinson Crusoe, na?ufrago entre millones de personas, hasta que un di?a vio una huella en la arena, y alli? estaba Xavi. Es algo maravilloso. Mesa para dos. Es el principio de la revolucio?n.