J. M. BORT
Más allá del apoyo fiel que disfrutan los dos grandes de la liga española, la crisis se ha hecho notar especialmente en las gradas de los estadios del fútbol español. Pero que nadie se alarme. Pese a que la mitad de los clubes de Primera División han visto mermadas sus cifras de abonados, los datos globales no han variado mucho con respecto a los años anteriores. Hay menos gente que acude a los campos, es cierto, pero se trata de un bajón mínimo en comparación a la caída de la demanda que se ha producido en otros sectores. El pase del fútbol, el amor a los colores, continúa arriba en el orden de prioridades de los españoles, que prefieren recortar otros gastos antes que asegurarse la tarde del sábado o del domingo junto a sus jugadores, pese a que la masa social de muchos equipos suele nutrirse de las clases medias o bajas.
La crisis ha golpeado más en otras partidas presupuestarias. Que nueve clubes no llevan patrocinador en la camiseta o que se haya tenido que llegar a Navidad para que dos equipos en plena decadencia clasificatoria —Atlético de Madrid y Villarreal— se hayan atrevido a despedir a sus entrenadores es más preocupante. Que no hay dinero, está claro. Las medidas adoptadas por la gran mayoría de consejos de administración para facilitar la venta de abonos ha surtido, también, efecto. Se ofrecen grandes descuentos a los parados y los precios apenas se han incrementado desde que se inició la crisis.
Según datos recabados por este periódico, cinco clubes han visto como su número de socios ha subido esta temporada con respecto a la anterior, otros cinco se mantienen y el resto, diez, han reducido su masa social. El último es un dato relevante, pero el porcentaje de pérdida de aficionados no es, en ningún caso, para llevarse las manos a la cabeza. No hay que olvidar que es posible ver cómodamente todos los partidos desde el sillón de casa a precios cada vez más asequibles. Los nuevos horarios impuestos, además, por la productora propietaria de los derechos de imagen, Mediapro, permite que apenas se solapen los partidos. Es un factor, seguro, que ha influido.
El Racing, el que más pierde
Hay otros motivos que afectan, en algunos casos, a la menor presencia de gente en los estadios. El desencanto con el proyecto deportivo, por ejemplo, o la falta de confianza en la gestión. El caso del Racing Club de Santander es el más llamativo. El aterrizaje en el club, en enero pasado, del empresario indio Asham Ali Syed ha pasado factura a largo plazo. El desengaño con el equipo es evidente. Es el club que más ha socios ha perdido: En torno al 30 por ciento. Otra caída significativa es la sufrida por el Mallorca. Los resúmenes televisivos muestran los vacíos en los fondos de las porterías. La grave situación de sus cuentas, y la inestabilidad deportiva fruto de ella, se ha hecho notar. Con un estadio para 24.000 espectadores, sólo 12.000 decidieron este verano sacarse el pase.
La crisis se ha notado también en el Valencia CF, uno de los clubes que más adeptos ha perdido, pese a que sigue manteniéndose en lo alto tras las ventas de sus estrellas. Cuatro mil socios han dejado de ir a Mestalla, pese a que los precios apenas han variado.El Sevilla también ha perdido fuerza en las gradas, aunque en el Sánchez Pizjuán no sólo hay crisis económica, sino también deportiva. El club frenó su progresión tras sus años gloriosos a mitad de la década.
La caída de abonados apenas se nota en los casos del Getafe —el club con menos respaldo social de Primera, con sólo diez mil abonados—, Osasuna, Rayo Vallecano o Levante UD. El club madrileño, curiosamente, no se ha beneficiado socialmente del ascenso, ya que fue en la temporada anterior cuando prácticamente tocó techo con respecto a los últimos años.
El Levante UD, por contra, mantiene el tipo. Su número de socios ha bajado muy poco y, a este paso, se espera que supere las cifras de la temporada anterior con la nueva campaña de venta de pases. Si hay un club que ofrezca motivos para seguirle, ese es el «granota». De hecho, el club que preside Quico Catalán presentó el pasado viernes sus abonos de media temporada con una clara apuesta por su masa social. Los precios de los abonos están «en la onda de los más baratos de la categoría», según Catalán y oscilan entre los 140 y los 370 euros, para los accionistas, y los 190 y 420, para el resto de público (2.500 y 3.000 euros en palco vip), con descuentos del 50 por ciento para jubilados, desempleados y jóvenes.
Mientras, el Athletic de Bilbao, el Espanyol o el Atlético de Madrid continúan en equilibrio. La hinchada de San Mamés no tiene fondo. Siempre hay un remanente de socios, una lista de espera que aguarda la construcción del nuevo estadio para coger butaca. A fidelidad, nadie les gana. Al Granada, en pleno auge tras su ascenso a Primera cuatro décadas después —es el club que más adeptos ha ganado junto al Betis y al Málaga— le ocurre lo mismo. Hay un buen número de aficionados en cola para abonarse. Los Cármenes, con capacidad para 22.000 espectadores, no puede acoger más de los 16.000 socios actuales.
Lo mismo que el Espanyol, que tras mudarse a Cornellà se ha instalado en los 35.000 abonados, una cifra que se mantiene desde el cambio de domicilio. El Betis, famoso por la lealtad de su gente, también rompe con la norma general. El último ascenso a Primera ha tenido una respuesta contundente de su afición. Tiene cuatro mil socios más que hace un año.
La efervescencia social del Málaga, otro de los que ha ganado adeptos, tiene otra explicación. La metamorfosis del club, tras la llegada del jeque árabe Abdullah Bin Nasser Al-Thani, ha revolucionado a la ciudad. Como le ocurre al Athletic y al Granada, hay aficionados que no han podido sacarse el pase. El Villarreal, hundido ahora deportivamente, vive su temporada más brillante a nivel social. Subió de veinte a veintidos mil socios en pretemporada, gracias a su presencia, de nuevo, en la Liga de Campeones. Esto tuvo más peso que la venta de jugadores emblemáticos, como Cazorla, algo que hizo pensar en una menor asistencia al Madrigal.