La expulsión del califa

Joan Carles Martí

26.09.2013 | 00:47

Es difícil adivinar el patrón de juego de Djukic después de seis partidos. Tantos cambios por obligación, o por devoción, han terminado por desdibujar a ese equipo que tenía previsto en su cabeza. La intensidad mostrada ante el Sevilla desapareció en tres días, y en Granada salió la versión más gris y agarrotada.
Sin embargo, ese gol de Jonas sobre el pitido final puede representar la vuelta al camino de la confianza para salir del pozo. Petróleo sacó ayer el Valencia de Los Cármenes y hay que esperar que ese combustible dé esa tranquilidad tan necesaria para encarar el campeonato. El seísmo que ha provocado Rami tendrá varias réplicas, pero lleva camino de fracturar el vestuario si no se actúa de manera inteligente. El defensa francés se ha equivocado, pero hay que prestar atención porque pasa algo muy serio, que escapa incluso al control del club, para que muchos jugadores, tanto en público como en privado, hayan perdido el respeto a la entidad que les paga. Rami ha seguido el camino de Mathieu en el descontento. Aunque hay más futbolistas, titulares y reservas, y es absurdo ocultarlo, porque acabará explotando en otro momento inoportuno.
Desde el principio Amadeo Salvo me recordó a Juan Soler, con la gran diferencia que no ha puesto ni uno. Ahora con Rami se ha metido en un charco parecido, donde se está más pendiente de la legislación laboral de los futbolistas, de proyectos de señales de humo y donde se ha instalado el insano culto presidencialista. El Valencia está lleno de «pelotas» desde hace tiempo, fruto de la inseguridad laboral por ausencia de dueño solvente. Muy poco se ha aprendido si al final el caso Rami lleva de nuevo a una dinámica cainita que debilite otra vez al colectivo valencianista. Con el central galo sólo se puede hacer dos cosas, o traspasarlo hoy mismo o que vuelva al entrenamiento mañana en Paterna. El resto es un despropósito, como sabe cualquiera que ha seguido de cerca la actualidad del Valencia en los últimos diez años.
Los jugadores del Valencia han constatado con la esperpéntica expulsión de Rami del hotel de concentración de Granada, la gran intuición que tenían, su papel en el club es secundario, el protagonismo es para el presidente y el entrenador. Eso pasó con Soler y así fue. Están a tiempo de remediarlo.

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