Vázquez, en la encrucijada

La desconfianza pasa factura

La relación entre Salvo y Braulio, estrictamente profesional, nació viciada y así se ha mantenido

01.11.2013 | 05:30
Braulio Vázquez, ayer cuando abandonaba la ciudad deportiva, al volante de su coche.
Braulio Vázquez, ayer cuando abandonaba la ciudad deportiva, al volante de su coche.

Salvo, cuando aún no era presidente, se vanagloriaba de que tiraría a Braulio cuando accediera al puesto. No lo hizo, pero el director deportivo conocía las intenciones del empresario y, desde el primer día, sintió que no tenía la confianza de un dirigente que se prodiga en reuniones con Rufete

Amadeo Salvo, cuando era aspirante a presidente, se jactaba de que cuando ostentara este cargo una de sus primeras medidas iba a ser la de prescindir de Braulio Vázquez. E iba más allá. Envalentonado, el empresario afirmaba que si el director deportivo tenía un contrato blindado lo depreciaría y lo pondría a barrer. Sobre esta desconfianza se ha asentado la relación entre ambos. Salvo, a pesar de mostrar públicamente su apoyo, nunca ha llegado a confiar plenamente en su director deportivo y Braulio se ha sentido, desde el primer día, menospreciado por su jefe. La relación ha sido estrictamente profesional. El miércoles, tras la derrota con el Almería, el ejecutivo se volvió a sentir desplazado. Como otras tantas veces. Mientras Salvo hablaba por teléfono por Djukic „y le trasmitía tranquilidad„ y continuaba con sus consejeros, el móvil de Vázquez no sonaba. El presidente sabía que la decisión del director deportivo era la de destituir a Djukic cuando él está convencido de que son los futbolistas los que no están queriendo dar más de lo que dan. En el palco, en lo que podría considerarse una reunión de urgencia, los consejeros „tecnócratas que no futboleros„ apostaban por tirar a Djukic y, más de uno, alentaba a Braulio a ponerse manos a la obra en busca de su sustituto.

Braulio, desanimado por cómo se están desarrollando los acontecimientos y enfadado tras escuchar cómo Mestalla cantaba en su contra, decidía salir del campo por la puerta que recae a Artes Gráficas. Hasta allí le acercaron el coche y, como si fuera un jugador, se lo aparcaron en las entrañas del campo. Braulio, tapándose la boca con la palma de la mano derecha<, mantuvo una larga conversación con Voro, delegado del equipo y entrenador de urgencia en situaciones de transición. El enfado del gallego era mayúsculo. Y un hecho lo demuestra: tenía tanta prisa que, en su salida de Mestalla, rascó todos los bajos del coche ya que, en vez de salir por una rampa y para evitar a los periodistas, lo hizo superando un bordillo que es algo más alto de lo habitual.

Ayer, a su salida de Paterna, donde se ha trasladado para establecer su despacho en la ciudad deportiva, Braulio volvió a esquivar a la prensa para no dar explicaciones. Razones que, hace tiempo que públicamente ya no da, pues abrumado decidió hace unas semanas cambiar de teléfono. Un aislamiento que evidencia su situación.

La proximidad que Salvo tiene con Rufete no lo tiene con Braulio y eso ha erosionado aún más la relación y ha ido empequeñeciendo al director deportivo que comprobaba cómo, día a día, su parcela estaba siendo recortada.



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