Me niego a salir de casa

Vicente Bau

27.11.2013 | 05:30

Ya está. Lo tengo decidido. Me atrinchero en casa y punto. Es el privilegio que nos asiste a los periodistas francotiradores, sin patria que defender. ¿Para qué salir a la calle? Paso, paso, que empiezo a estar ya superado por tantas preguntas sobre las que no tengo respuesta. Y sí, el personal quiere saber cosas. Y sí, yo se algunas respuestas, pero como lo que hoy es blanco mañana es negro y viceversa, me puedo pillar los dedos con facilidad. Y eso sí que no. Yo no tengo la culpa de que el Valencia de esta segunda década del Tercer Milenio sea un disparate que no hay por donde cogerlo.

«Hacer un Salvo».
El presidente ungido por los poderes políticos se está especializando en negar la mayor un día sí y al otro también. Habla mucho y luego huye de sus propias palabras. Y eso, la imagen que proyecta Amadeo Salvo en estos momentos, se encuentra a mil años luz de tener una pizca de credibilidad. En una semana ha dicho blanco y después negro con una tranquilidad pasmosa. No se inmuta ni parece conocer la vergüenza. Anunció que la refinanciación de la deuda era ya una realidad y un día después Goirigolzarri y Fabra dijeron justamente lo contrario. Afirmó que Djukic era su entrenador y que seguiría hasta final de temporada para, acto seguido, apuntalar el tema diciendo que él no le había elegido y que su futuro estaba en manos de Rufete. Habló del Nou Mestalla junto a Fenwick (un Nou Mestalla repleto de rebajas) pero no presentó a ningún inversor... Bien, a todo esto en Valencia se le llama ahora «hacer un Salvo». Mal ejemplo para el presidente de una mercantil de tanta solera.

Rufete toma el mando
Entra con ganas. Con fuerza. Sin experiencia pero convencido de sus ideas. De momento lo que ha hecho es echar un capotazo al presidente respecto a lo de Djukic (al que tiene acorralado) e intentar ganarse el respeto del vestuario. Rufete, en su primera intervención pública, más que presentar un organigrama (que no lo presentó) lo que hizo fue hacer un guiño a los profesionales, a los futbolistas del primer equipo. Una estrategia correcta (el vestuario anda perdido... incluso más que yo) que deja un cadáver inequívoco por el camino: apoyar a los jugadores es apuñalar por segunda vez a Djukic. Pero al fin y al cabo... ese es el plan.

«¡Ojo con Bankia!»
Ahora pienso en Bankia, en el mosqueo que lleva Goirigolzarri y en ese especie de perdón público que tuvo que pedir Alberto Fabra tras hablar con el presidente de la entidad bancaria. Sí, Fabra reconoció la mala gestión diciendo que se estaban pasando el balón de unos a otros sin tomarse en serio el asunto. Y sí, o se lo toman en serio o Goirigolzarri tirará por la calle de en medio si es que aun no ha emprendido ya el camino. ¿Y? Pues eso, que yo me quedo en casa. La calle, para un periodista deportivo como yo que escribe del Valencia se ha convertido en terreno hostil. Tantas preguntas... tan escasas respuestas...



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