15 de agosto de 2015
15.08.2015
Quince horas de locura

Un sábado en el infierno alpino

15.08.2015 | 18:24
Un sábado en el infierno alpino

UN RECORRIDO SÓLO PARA VALIENTES O LOCOS
 

  • NATACIÓN (3,8 kilómetros)
    De noche y muy frío
    La salida del segmento de natación es a las 5.50 para las chicas y a las 6 para los chicos, en un pantano, a bajísima temperatura y de noche cerrada. La salida es en un roquedal y una vez en el agua te tienes que guiar por el instinto... y por la luz que lleva una barquita que abre camino.
  • CICLISMO (188 kilómetros)
    Digno de una etapa reina del Tour de Francia
    Es una etapa alpina de Tour de Francia en toda regla. El elemento emblemático es la salida al Izoard, puerto de Categoría Especial, pero son mucho más terribles los «regalos» anteriores y posteriores: nada más salir ya hay un puerto de ocho kilómetros. Tras bajar el Izoard, cuando ya crees que está todo hecho, te obsequian, entre otras cosas, con un muro de dos kilómetros al 15 por ciento y los últimos kilómetros son un puerto de otros siete kilómetros.
    Pero si las subidas son tremendas, las bajadas son peligrosísimas. Incluyendo la última, camino de la zona de transición, que se hace sobre un tramo de gravilla, con las fuerzas al límite.  Muchos se dejan cuesta abajo sus opciones de terminar a causa de las caídas.
  • MARATÓN (42,195 kms.)
    Un remate lleno de repechos revientapiernas
    Para acabar, el maratón no es un paseo. Estamos en zona alpina, por lo que los 42 kilómetros también están llenos de repechos. En concreto, 600 metros de desnivel que hay que hacer en dos vueltas. Muchos tienen que acabar el recorrido andando durante muchos tramos.
  • Y POR SI FUERA POCO...
    Hay controles de cierre
    Para evitar que los participantes se tomen la participación como una larguísima excursión, hay que pasar por los diferentes sectores en un tiempo máximo. Y este control llega a producirse incluso en el medio maratón. Te pueden retirar de la carrera cuando lleva

Dentro de las cada vez más enrevesadas combinaciones de deporte extremo, hay una que sobrevive con el paso de los años: el Enbrunman de los Altos Alpes. Es el triatlón llevado a sus últimas consecuencias. Algunos valencianos han aceptado el reto y hoy pasarán el día sufriendo con ganas.

«Va a haber manteca y de la buena». Guillermo Pérez se encuentra ya en los Alpes franceses. A primera hora de la mañana ha debido tomar la salida y durante todo el día estará, junto a Paula Tent, disfrutando o sufriendo en el que está considerada como uno de los retos deportivos más duros que se conocen. No es nada nuevo que las especialidades participativas inventen cada vez una prueba más enrevesada. Pero el triatlón Embrunman lleva más de 30 años haciendo las delicias y los tormentos de los que se inscriben, previo pago de 250 euros, con el añadido de que éstos ya saben a lo que van: a pasar entre nueve y 18 horas poniendo a prueba su resistencia física y mental.

Es un Ironman, la máxima expresión del triatlón, pero extroardinariamente duro. Terminal. «¿El más duro del mundo? No lo sé. A estos niveles ya da igual. El Norseman de Noruega tiene un maratón de alta montaña. Pero este tiene un maratón duro y antes una etapa de alta montaña del Tour de Francia. Para mi será el quinto Ironman y para Paula el cuarto, pero nunca hemos hecho uno como éste».

Ambos llevarán los colores del Club Triatló Carcaixent. «¿Cómo surgió? Pues tras hacer el Ironman de Vitoria nos planteamos qué hacer al año siguiente. Unos dijeron de hacer el de Niza, pero yo ese ya lo he corrido. Y comenté, pero con la boca pequeña: "algún día me gustaría hacer el Embrunman". Paula me tomó la palabra... y fue ella la que más empeño ha puesto». No serán los únicos valencianos. «Sé que vienen tres chavales que conozco del Safor Cafemax, y hay inscritos dos del Club Triatlón Elche. Allí viene gente de todo el mundo pero por lo menos cien son españoles».

Se trata, además, de un Ironman diferente, como si no hubiesen pasado los años por él. No hay feria del corredor ni muchas de las campañas publicitarias adyacentes. Sí que hay pruebas menores de acompañamiento «pero no es una prueba con el postureo de otras. Aquí sabes a lo que vas: a una carrera humilde».

Ambos son triatletas vaqueteados en pruebas de todo tipo, desde las sprint a las olímpicas, los medio ironman y las gigantescas. ¿Por qué? «Seguramente, por el gusto de conseguir el reto. Es una locura y no lo es. Es ponerte a prueba».

Correr una prueba de este tipo, seguro que no debe ser bueno para el cuerpo, pero se hace. En los últimos días crece la ansiedad. «Por supuesto. Lo hemos mirado todo, las altimetrías, los vídeos, los relatos de otros que han participado... quieres llegar con una idea más o menos formada». Y por eso tiene muy claro que la clave es el segmento ciclista y las trampas que hay tras el Izoard. «Subir una cumbre de Tour y Giro es lo que le da nombre, pero ya he visto que, después, quedan unos puertos durísimos y un muro que da miedo. Hay que guardar fuerzas».
Hay que sacar tiempo de donde no hay para prepararse. «Nuestro plan no consiste en machacarse y hacer entrenamientos brutales, pero sí en hacer todos los días. Aunque te acuestas cansado y te levantas cansado. Los sábados, por ejemplo, es el día fuerte y haces cinco o seis horas de bicicleta. Llegaremos muy castigados porque es necesario, pero sin haber rebasado el límite».

Cuando se corre un maratón, la previsión de llegada si todo transcurre normalmente puede variar quince minutos arriba o abajo. En una carrera como ésta hay que ampliar el margen mucho más. «Yo espero acabarlo entre 13 y 15 horas». Y con la idea de hacerlo en el menos tiempo posible. «Yo no soy de pararme a hacer fotos o llamar por teléfono. Parar sólo para orinar». Son compañeros de equipo, pero «cada uno hace su carrera. Las chicas salen a nadar diez minutos antes». Conseguir la birriosa medalla de finalizador es el objetivo, luego de un gran esfuerzo físico y económico. «Estas serán mis vacaciones».

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