26 de agosto de 2015
26.08.2015
Mundial de Atletismo

Colores de ida y vuelta

Europa se reconcilia con el 800, pero Kenia se convierte en el nuevo amo del 400 vallas

26.08.2015 | 04:15
Rudisha gana el 800 rodeado de blancos.

Los últimos años han propiciado una distribución incruenta de los dominios en el atletismo. La velocidad „del 100 al 400 y los relevos„ para los afroamericanos del norte y Caribe. El fondo y medio fondo „del 800 al maratón„ para el África del Este; los saltos, para el primero que llegara y los lanzamientos y la marcha, para europeos y asiáticos. Más o menos. El hombre blanco fue perdiendo su dominio en las carreras de fondo, esas que sobre todo ganaban finlandeses y británicos, de dentro a los extremos. Primero fueron los obstáculos, el cinco mil y el diez mil. Y poco a poco cayeron el maratón, el «milqui» y las dos vueltas a la pista. Incluso los magrebíes se han visto desplazados a plazas menores y esporádicas en el podio.

Ayer, en el 800, se produjo un ligero repunte cuando, tras el invencible Rudisha „que empieza a parecerse al que asombró en Londres cuando trituró el récord del mundo„ entraron el polaco Adam Kszczot (pocos países son tan competitivos en su ADN) y la gran sorpresa de los últimos meses, el bosnio Amel Tuka, que dio a su país su primera medalla en la historia de los mundiales. Que un semidesconocido se encarame a la élite mundial en una temporada y que en 16 días mejore su marca en cuatro segundos es como para mosquearse. Tan sólo el tiempo demostrará cuanta verdad hay en sus portentosas facultades.

También un europeo y no blanco, sino blanquísimo, se coronó ayer en el salto de longitud. El británico Greg Rutherford completó un palmarés perfecto: el título mundial completa el olímpico de Londres'12 y el europeo de Zúrich'14. La plata y el bronce, 8,24 y 8,18, estaban al alcance del mejor Eusebio Cáceres, pero el valenciano vio la final por televisión.

Lo que se gana por un sitio se puede perder por otro. Cuando la cubana Denia Caballero era adolescente, los entrenadores le obligaban a tirar piedras como castigo por su bajo rendimiento en el heptatlón, y algo debió de ver en aquella penitencia, porque cambió las rocas por un disco y ayer se convirtió en la mejor del mundo arrojándolo en los estadios. El suyo es el primer título femenino de disco para el continente americano.

Y el África oriental se estrenó en otra especialidad desconocida para ellos: el 400 vallas. Hasta ahora, los kenianos sólo habían apuntado ligeramente en los 400 lisos y contaban en las vallas con la rareza del zambiano Samuel Matete, campeón en 1991. Ayer, Nicholas Bett, de 23 años, aprovechó las ausencias y su propia calidad.

Más previsible fue la victoria de la etíope Genzebe Dibaba en el 1.500 femenino. La tercera de la saga, que batió el récord del mundo de la distancia hace unos días piensa ahora en el cinco mil.
Se puso en marcha el 200 con paseos sin historia de Bolt y Gatlin. El mejor tiempo lo hizo un turco, Ramil Guliyev. Hoy serán las semifinales.

El turno de Mar Jover
Esta noche, bien entrado ya el jueves, sobre las cuatro y media, empezará a saltar Mar Jover en busca de la final de salto de longitud. Es casi imposible, pero...

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