17 de enero de 2016
17.01.2016
Pilota

Soro III y Javi, una pareja para enmarcar

Doble exhibición de Soro III y Javi en el desafio jugado ayer en Pelayo contra el dúo de Puchol II y Félix - Contundente e inapelable victoria por 60 a 30 tras una demostración de poderío - Sellaron una actuación antológica que desarboló a los rivales y dejaron constancia de que uno y otro son, hoy por hoy, los mejores en sus respectivas demarcaciones

17.01.2016 | 04:15

Soro III y Javi son amigos. El de Massalfassar nació para este deporte en el seno del club de su pueblo, con tantas potenciales cualidades que antes de los veinte años ya se anunciaba en los carteles de los mejores trinquets. Ha sido la suya una larga etapa de altibajos, de alegrías pero también de sinsabores y en ese proceloso caminar en el difícil mundo profesional, como le ha ocurrido a muchos jugadores, llegó a pensar en dejarlo todo.

Aspiraba a las cumbres y tropezaba en las últimas rocas. Y entonces, en esos momentos de dudas y desesperanzas estaba su amigo Quico Soro para animarle, él que tampoco andaba exento de quebraderos de cabeza. Ayer, tras el último «quinze», se abrazaron y seguro estoy de que, con los ojos cerrados, en esos momentos donde se expresan los mejores sentimientos, recorrieron las luces que les guiaron en los momentos de oscuridad.

La partida que llenó, como en los mejores tiempos, a Pelayo; en la confrontación anunciada como la más esperada, porque lo era, dos artistas de dos pueblos vecinos de l´ Horta trazaron en el lienzo las más bellas creaciones que puedan imaginarse. Es cierto que se esperaba un poco más de la pareja azul, la de Puchol II y Félix; es posible que ni uno ni otro pudieron desarrollar lo mejor de sí mismos pero hay que plantearse si alguien hubiera sido capaz de derribar la muralla de Javi, que posee todos los recursos técnicos y físicos y una descomunal potencia para rematar a la menor oportunidad.

Palma fundamental de Javi
En este nuevo juego sin galerías, la palma de Javi ya no es jugada intrascendente, sino fundamental, definitoria. En el juego con galería se decía que «jugador de palma pagador de butxaca». Era golpe defensivo, «in extremis» para salvar la pelota y entregarla al nuevo ataque rival. Hoy ese juego, y ahí está la figura de Salva, o el recordado Tato se convierte en un arma que desarma al rival, imposibilitado de rematar a las galerías. Y Javi tiene palma de derecha y de izquierda, «volea» a la altura del nueve, «bot i volea», y además, sabe cruzar en busca de «caretas» y atinar con el «pou». Una verdadera enciclopedia que destruye los brazos y la moral rival. Puchol II lo intentó de todas las maneras. Incluso gastó la técnica que dicen que gastaba Juliet para alzar la pelota, salvar el rascacielos de Javi y poner en aprietos a Soro III. Lo intentó y tampoco le dio resultado. Tropezó con un Quico inmenso. No sé si en estos tiempos de las estadísticas alguien contabilizó los golpes ejecutados en la tarde de ayer pero así, a botepronto, estoy por decir que de los muchos centenares que gastó Soro no erró ni dos. Y no sólo eso, sino que en todos ellos gastó la estrategia, el criterio. Dicen que el mayor de los milagros es hacer sin milagro cosas milagrosas.

Admiración a Soro III
En la tarde de ayer Soro III realizó cosas sobrenaturales, una detrás de otra, provocando gestos de admiración y encendidas ovaciones.

¿Se esperaba más de la partida? Se esperaba quizás, más emoción, pero ayer entró en juego un factor de mucha influencia en el deporte: el amor propio. El amor propio de un campeón individual, Soro III, que ha visto en los carteles cómo se le colocaba al mejor «mitger» del momento para enfrentarse al subcampeón acompañado del teórico número dos en su especialidad. Aquello sonaba a reto atrevido, diríase que insolente si no fuera porque este es un deporte de auténticos «cavallers» donde el respeto es sagrado.

En su fuero interno estaba obligado a dejar sellado quién manda en los trinquetes valencianos en estos tiempos. Y ayer ofreció, sin duda, una de esas partidas para enmarcar. Estamos ante un campeón de los que ya han hecho historia. ¿Ha habido alguna vez un pelotari que haga de la dificultad el golpe más demoledor? ¿Ha habido un resto con esa capacidad de restar «per davant», con una «volea» tan poderosa? Un servidor no lo recuerda.
Esta vez la pareja de rojo, color del campeón, salvó un tropezón inicial que puso el marcador 15-25 y que hizo albergar falsas esperanzas, para encararse hacia el triunfo de forma majestuosa, imparable, peleando cada golpe hasta el agotamiento pero seguros de que allí nadie podía arrebatarles la gloria. Y el abrazo emocionado y feliz recordando los sinsabores del pasado.

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