25 de abril de 2016
25.04.2016
ÚLTIMA HORA
Abatido el presunto asesino de al menos tres personas en Teruel
Pilota

Luces y sombras en Oliva

El trío de Ricard, Sanchis y Oberto fuerza una tercera partida en la final de Raspall (25-5)

25.04.2016 | 04:15

Uno viaja hacia Oliva atravesando el hermoso paisaje del Valle de Aguas Vivas otrora recorrido por un ferrocarril de vía estrecha. Tiempos donde el tiempo servía para pensar. Atrás hemos dejado los trinquetes de Guadassuar y Alzira donde mejor que peor se mantiene el culto a la pilota valenciana. Al abrirnos a la Vall de Tavernes recordamos a Simat, patria de Terencio, de Loripi, de los hermanos Coeter, de Balduino, de Sagasta y de tantos otros pelotaris; lamentamos el triste destino de aquel trinquet de Manolete, en la capital de La Vall donde acabó sus días el legendario Lloco y nos aprestamos a tomar la dirección de La Safor. Ya en la autopista divisas majestuoso el trinquet de Rafelcofer, testimonio de un tiempo en que en cada pueblo valenciano, en cada tarde, el Joc de Pilota se convertía en la mejor diversión de sus gentes.

¿Qué es de ese trinquet de Rafelcofer? Que nadie lo toque, por favor, que quede allí, sobre la colina, a la vista de los millones de gentes que pasan y lo contemplan con sus murallas de piedra, con sus piquetes de viejo hierro oxidado como testimonio y como homenaje al Joc de Pilota. Y al poco, penetras en la vieja Oliva, de los íberos; y de los romanos que viajaban por la calzada que unía Xàtiva con Dénia. Recuerdas, claro que sí, a muchas de sus grandes figuras nacidas en el trinquete viejo, levantado hace más de cien años sobre la ladera de la muntanyeta. Atrás, los tiempos de los rajolars, y de la fábrica de sucre; en el orgullo de sus gentes, un Ilustrado como Mayans, un ministro como Ciscar y un poeta universal como Brines. Y ya, al otro extremo de la montaña, a unos metros de la playa, manantial de riqueza, cuando escuchas conversar en inglés a dos niños de apenas tres años que juegan frente al trinquet, „cada día hay más niños en tierra valenciana que conversan en inglés„ penetras en un recinto hermoso, propio del siglo, donde todo es grande y majestuoso, excepto la luz del Mediterráneo. Y es que es tanta la luminosidad que se derrama gratuita sobre nuestro paisaje que un arquitecto de la tierra apenas considera su valor. Pasó eso, simplemente eso. Lo que en un maestro de obras nórdico hubiera sido prioritario, en un mediterráneo lo fue la luz eléctrica. Paradojas de la vida.

Es en este un hermoso templo de Oliva donde se rinde tributo de homenaje al raspall. Pero ayer, precisamente ayer, no se rindió pleitesía. Ganó el trío de Ricard, Sanchis y Roberto en apenas tres cuartos de hora, por 25 a 5. Una semana antes, estos mismos protagonistas, sobre la cubierta soleada de Bellreguard, ofrecieron toda la esencia ritual de la especialidad. Ayer, Ian, Moro y Miravalles quedaron deslumbrados, ofuscados. Les faltó la luz mediterránea, inspiradora de saques y voleas, de raspadas con sentido y colocación. No parecían ellos. Sus rivales pasearon su poder de pegada. Nos quedamos con el genio y la calidad técnica de Roberto, el chaval formado en Alzira. Nunca falló; siempre hizo lo que tenía que hacer. Y lo hizo con criterio. Se sabe todo el ritual.

Y ahora, a esperar otra semana en este mismo templo, ya catedral para conocer el trío campeón. Moro lo resumió en un tratado filosófico de nueve palabras: «Han jugat més i per això ens han guanyat». Y se acabó.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Buscador de deportes

Enlaces recomendados: Premios Cine