13 de junio de 2016
13.06.2016
Historia de una debacle

La caída en picado del CF Gandia

En el 2000 rozó el ascenso a Segunda, pero este año ha consumado el descenso a 2ª regional. Una debacle forjada en las deudas y las luchas políticas que amenaza la viabilidad de un club histórico.

13.06.2016 | 13:28
La caída en picado del CF Gandia

En un pequeño despacho del estadio Guillermo Olagüe, entre montones de papeles sobre la mesa, viejas fotografías colgadas en la pared y decenas de trofeos apilados en el suelo, Jesús Sendra se lamenta resignado. «Entre todos la mataron y ella sola se murió», musita con la mirada perdida. Ella es el Club de Fútbol Gandia, el equipo decano de la capital de la Safor, con casi 70 años de historia a sus espaldas. Y aunque ella todavía no está muerta, lo cierto es que atraviesa el momento más delicado que jamás ha conocido. Ni siquiera Sendra, su presidente desde hace cuatro años, sabe por dónde empezar a explicar la debacle del conjunto blanquiazul, que en el año 2000 rozó el ascenso a Segunda División „durante unos minutos estuvo clasificado para la división de plata„, pero que, a partir del próximo septiembre, competirá en Segunda regional valenciana, la peor categoría del fútbol amateur. Sólo dieciséis años separan la gloria, el fútbol de élite, del barro y la soledad de los estadios de regional.

«Los últimos quince años han sido de continuos problemas, con determinadas personas y entidades en contra del club, que lo han empujado hacia abajo hasta dejarlo en la ruina, en la miseria», sentencia Sendra. El CF Gandia ha cerrado la campaña como último clasificado del grupo VII de Primera regional, con apenas siete puntos en su casiller, 15 goles a favor y 131 en contra. De hecho, no ha conseguido ganar sobre el césped ningún partido.

Un factor fundamental para entender la caída al infierno del CF Gandia es la deficitaria gestión económica que arrastra el club. Las deudas se comieron, hace años, el proyecto deportivo. Según Sendra, uno de los anteriores presidentes, Dionisio Ollero, ahogó al equipo con operaciones ruinosas. Una de ellas fue el llamado «caso Muiño», en la 2008/2009. «Ollero lo fichó por 3.000 euros al mes, más el apartamento y gastos para jugar en Tercera, pero sin darle de alta en la Seguridad Social. Ese jugador se lesionó un domingo gravemente y, a partir de ahí, acude a varios médicos. Como no se cura bien, se le declara de alta de oficio y él hace una reclamación por invalidez. Hay una sentencia en la que el CF Gandia debe pagarle a Muiño 1.800 euros al mes de por vida. Ahí están los famosos 600.000 euros que el CF Gandia debe. Como somos insolventes, ese dinero lo paga la Seguridad Social», apunta Sendra.

Pero hay más. Según el dirigente, las arcas quedaron todavía más vacías tras la llegada de Arturo Torró (PP) al gobierno municipal. «En las elecciones de 2011, el Gandia CF se empezó a morir», indica. Según Sendra, el alcalde quiso cambiar «de arriba a abajo» el club y lo embarcó en una aventura que desembocó en más deudas y un descenso a Tercera. «Dijo que invertirá 50.000 euros al mes cada año, pero un día, de la noche a la mañana, después de haber hecho grandes contratos, retiró el dinero de golpe», subraya. Según afirma Sendra, la Federación Española ayudó entonces al Gandia CF, que terminó descendiendo a Tercera y debía cerca de 500.000 euros, a pagar las fichas de los futbolistas. Eso sí, «ahora le debemos cerca de 150.000 euros a la federación, y hasta que no se pague el club no puede competir en categoría nacional, es decir, a partir de Tercera».

Sendra y un grupo de aficionados, fundadores del colectivo Apleg (Amics per l´esport en Gandia) cogieron las riendas del club hace cuatro años para salvarlo, pero los problemas económicos y la tensión con los gestores políticos fueron hundiendo poco a poco el rendimiento deportivo del equipo de la Safor. En los últimos tiempos, en Preferente, se confió las decisiones sobre el proyecto del primer equipo y la escuela a un agente de jugadores local. «Fue un empastre», resume Sendra. «En la cantera, los padres y los niños se se sintieron abandonados y desaparecieron los equipos cadetes e infantiles». En el primer equipo pasó algo parecido. De ahí la desbandada general de futbolistas. «Este último verano empezábamos a llamar a la gente para que viniesen a entrenar, pero no venía nadie. Si maltratas a los jugadores... Así que nos quedamos sin equipo para empezar», explica el presidente. «Este año hemos tenido una plantilla con gente inmigrante, con familias desestructuradas, sin trabajo, sin conocer el club, sin compromiso... Algunos venían y no volvían, o les salía trabajo y no aparecían. No ha habido forma de arreglarlo. El entrenador se merece un monumento. En Navidad sabíamos que bajábamos a Segunda regional», añade Sendra.

El futuro del club, que no tiene deuda ordinaria de estas temporadas, es una incógnita. Sendra quiere marcharse. «Hace falta un revulsivo, alguien que traiga gente al campo. En Segunda B éramos 1.500 cada domingo. Ahora somos 40. Todo el mundo quiere al CF Gandia, pero nadie compra los pases, nadie se rasca el bolsillo o pone publicidad y el nuevo gobierno local no tiene dinero», concluye Sendra, pesimista, pero sin caer en el desaliento. «El CF Gandia tiene que seguir».

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