24 de junio de 2016
24.06.2016
Pilota

De la Marina a los Andes

La Vall de Laguar acoge la final escolar de Llargues al tiempo que en Ecuador se celebra la final del Bolivariano de la especialidad

24.06.2016 | 04:15
Ya hay buenos saques de Llargues en las nuevas generaciones.

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Micalet de Murla era el saque más famoso del juego a Llargues en el último tercio del siglo XIX. De su fama escribió el mismísimo Azorín en un artículo publicado en el ABC, en el que reclamaba la disputa de un duelo vasco-valenciano a la vieja modalidad que les unió a lo largo de los siglos. Micalet solía encabezar los tríos más poderosos en duelos entre jugadores de La Marina y de l´ Horta como aquel que se disputó el 7 de noviembre de 1880 en la localidad de Ibi: cuatro pelotaris de Murla, Micalet, el Morenet , Fernandet y un punter, contra cuatro ases de la provincia de Valencia con Suñer de Càrcer, Malanda de Oliva y el Tirolet de Torrent, con un punter. Según la prensa de la época la apuesta inicial era de dos mil pesetas, una verdadera fortuna pues un jornal de la época no alcanzaba las cinco pesetas. El premio que ofrecía el ayuntamiento de Ibi a los ganadores alcanzaba la considerable cifra de 500 pesetas. Un verdadero acontecimiento. Aquellos pelotaris podían presumir de auténticos profesionales del deporte.

Micalet marcó una época, como poco después la marcaron el Barber de Beniarbeig, el Nel, Xiquet de Simat, Coll de Vilamarxant, Patilla, Llanera, Pavia de Villalonga, El Ripo€ Nombres míticos de la modalidad madre del Joc de Pilota. Siglo y medio después, superando todo tipo de menosprecios y olvidos, las nuevas generaciones persisten en mantener lozano el Joc a Llargues. Mañana sábado, en La Vall deLaguar, pueblo natal de otro grande como Malia, campeón de Europa y del mundo, decenas de jóvenes amantes de esta especialidad disputarán las finales de los Juegos Deportivos Escolares. Más de veinte escuelas, de pueblos clásicos y de otros como Pedreguer, Ondara o Beniarbeig que se han incorporado este año a la causa sentimental de recuperación. Ya empiezan a sonar nuevos nombres, como Toni Bou, de Sella, cadete y seguro sucesor de aquellas míticas figuras.

Al tiempo que se juega en La Vall de Larguar la competición que mima el futuro de este juego, a nueve mil kilómetros, se jugará en Guaranda, una ciudad del centro de Ecuador, la final de esa misma modalidad en el I Campeonato Bolivariano. Parece un milagro que el juego a Llargues, con nombres diversos haya podido prevalecer durante siglos; que mientras los jóvenes valencianos rinden culto a una herencia greco-latina, los indígenas de las tierras andinas canten, como en La Vall, el «a dos y chaza».

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